Hoy tengo el inmenso placer de invitar a mi blog a Irene Rodrigo, una buena amiga y gran profesional de la comunicación. Es la creadora de TeComunicas, una web imprescindible para impulsar tu blog mediante la comunicación eficaz en vídeo, y Léemeel primer programa de tv online sobre divulgación literaria. Si os apasiona leer, os ruego que le echéis un vistazo al primer capítulo de Léeme y al Diario de Lecturas Léeme. Pocas personas me inspiran tanta profesionalidad, confianza y seguridad como Irene, pondría la mano en el fuego por ella sin dudarlo.  Y dicho sea de paso, me atrevo a vaticinar que Léeme tendrá un éxito arrollador. Su pasión por la literatura la ha traído hasta aquí, para compartir con nosotros 5 lecciones de escritura que podemos aprender de nuestro autor favorito. No te pierdas ni una coma de este artículo, porque no tiene desperdicio.

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Quienes escribimos, ya sea por afición o por profesión, lo hacemos porque, antes que escritores, éramos –y somos- lectores.

Y aunque tu corazón de lector esté dividido entre varios libros que han dejado huella en tu vida, seguramente podrás reconocer a un escritor que sobresale por encima del resto: tu autor favorito.

El mío, por ejemplo, es José Saramago, autor de novelones que, por mucho tiempo que transcurra desde que las leo, siguen en mi pensamiento casi cada día: La balsa de piedra, Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres

¿Cuántas veces me habré dicho “me gustaría escribir tan bien como José Saramago”?

Puede que a tú pienses lo mismo con respecto a tu autor favorito.

Pues bien: desde hoy dejarás de pensarlo y te pondrás manos a la obra para llegar a escribir como ahora sueñas hacerlo. Y el proceso estará lleno de disfrute, porque… ¿sabes qué? Vas a aprender, precisamente, de tu autor preferido.

Hoy te traigo cinco lecciones de escritura que puedes aprender leyendo a tu autor favorito.

Aviso: no se trata de imitar su estilo y sus temáticas. Ya sabes que, como escritor, te conviene encontrar tu propia voz, esa que te diferenciará y hará que los lectores reconozcan que eres tú, y no otro, el que ha escrito esas páginas. Y lo mismo sucede con las temáticas: cada escritor alberga unos intereses y preocupaciones que debe plasmar sobre el papel en forma de historias.

Así pues, con este artículo no vas a aprender a imitar a tu autor favorito. En realidad vas a explorar sus procesos, es decir, la metodología que sigue para poner en práctica sus propias herramientas, para luego poder aplicarla a tu propia voz.

Entendido, ¿verdad? Pues vamos allá. ¿Qué puedes aprender sobre escritura leyendo a tu autor favorito?

1. Del estilo a la atmósfera… o viceversa

Cada escritor es un mundo. Como lector, ya te habrás dado cuenta de ello.

Cada uno de esos escritores, cada uno de sus mundos, tiene su propio estilo de escritura: su propia voz. Utiliza cierto vocabulario, cierto tipo de oraciones y párrafos, más o menos diálogos, etc.

Podríamos decir que cada uno de esos estilos es un idioma diferente. Cuando un escritor se convierte en tu favorito, es probable que sea porque tú hablas un idioma parecido al suyo. O, aunque no lo hables, al menos lo entiendes a la perfección.

La primera condición para que aprendas del estilo de tu autor favorito es que entiendas el idioma que habla. ¿Cómo comprobar que lo entiendes? Bueno, si al leer uno de sus libros comprendes el global del asunto y además te provoca alguna emoción, entonces es que lo entiendes: conectas con él.

Ahora te propongo que, más allá de entender su idioma, bucees en su estilo.

  • Fíjate en sus párrafos, por ejemplo. ¿Son largos, cortos? ¿Alterna largos y cortos? Fíjate en Saramago, que utiliza párrafos larguísimos, a veces de varias páginas cada uno.
  • Toma ahora sus oraciones. ¿Qué signos de puntuación predominan en ellas? ¿Están escritas en estilo directo o en estilo indirecto?
  • ¿Y el vocabulario? ¿Cada cuántas palabras aproximadamente tienes que recurrir al diccionario porque te topas con léxico inusual o muy especializado? ¿Utiliza diminutivos, interjecciones, jerga…?

Este análisis parecería de comentario de texto de bachillerato si no fueras un poquito más allá y te preguntaras: ¿Por qué me gusta todo eso?

Piensa detenidamente las respuestas. ¿Por qué me gusta ese tipo de frases? ¿Y por qué me gusta este tipo de vocabulario y de párrafos?

jose-saramagoPosiblemente, tus respuestas tengan que ver con las emociones que te transmite el estilo de tu autor favorito. A mí, los párrafos largos de Saramago me proporcionan cierta sensación de continuidad; sus oraciones interminables plagadas de comas, sensación de urgencia; su vocabulario llano, cercanía.

De esta manera descubres la atmósfera que tu autor favorito crea a través de su estilo de escritura. Por tanto, la primera lección que puedes aprender de él es cómo crear tus propias atmósferas. Para ello, fíjate en el estilo de tu autor favorito y en cómo, a través de él, da forma a sus propios mundos. Luego, cuando el que escriba seas tú, sigue el mismo camino… pero a la inversa: empieza por la atmósfera que quieres crear para llegar al estilo que tendrás que utilizar para ello.

2. La construcción de los personajes

Una de las tareas más complicadas del escritor es la caracterización de los personajes. Cuando te toca llevarla a cabo, debes convertirte en el director de una obra de teatro y perfilar los rasgos de tus personajes, decidir qué relaciones se van a establecer entre ellos, qué conflictos internos alberga cada uno… y mucho más.

Esta tarea tan compleja puede facilitarse un poco si analizas el proceso mediante el cual tu autor favorito caracteriza a sus personajes y, luego, lo desmenuzas.

Para empezar, elige uno de los personajes al que tu escritor ha dado vida. Puedes escoger a tu favorito o al que más rabia te dé. Cuando lo tengas, hazte con el libro en el que ese personaje aparece y explora sus páginas en busca de:

  • Sus intervenciones.
  • Intervenciones en las que otros personajes proporcionan información sobre él.
  • Lo que el narrador dice sobre él.

¡Muy bien! Ahora, de esos fragmentos, extrae todas las pistas que hablen de tu personaje: ¿Cuáles son sus acciones recurrentes? ¿Y sus expresiones favoritas? ¿Qué tics y manías le caracterizan? ¿Se enfoca en lo negativo, en la escasez y en la rabia, o, por el contrario, dirías que es una persona positiva, centrada en la abundancia y en la alegría? ¿Qué gustos y aficiones tiene? ¿Qué rasgos de personalidad detectas en él (introversión/extroversión, paciencia/impaciencia, generosidad/egoísmo, etc.)? ¿Cuál es su forma de interactuar con otros personajes?

La lista de preguntas que puedes hacerte sobre el personaje que has elegido, así como la información que puedes extraer de ellas, es infinita. Lo que nos interesa, sin embargo, no es el contenido, sino la forma del personaje. Me explico.

Lo que tú quieres no es copiar los personajes que tu autor ha creado. Lo que, como escritor, te va a beneficiar, es comprender cómo esos personajes han sido construidos.

Una vez tengas el análisis del personaje sobre la mesa, es hora de mirar un poquito más allá y responderte a preguntas que tienen que ver con el proceso creativo del autor:

  • ¿A qué ha concedido más importancia el autor a la hora de crear el personaje? (Ejemplos: al aspecto físico, a la psicología del personaje, a la vestimenta, a su historia personal, a sus relaciones con otros personajes…).
  • ¿A qué ha concedido menos importancia?
  • ¿Qué tres ingredientes creo que son esenciales para este autor en cuanto a la construcción de sus personajes?
  • ¿De qué ingrediente se podría prescindir de manera que el personaje se quedara igual o casi igual a como es ahora?

autor favoritoEl análisis te ayudará a responder a estas preguntas, porque podrás ver fácilmente cuánta información tienes sobre cada aspecto del personaje. A más pistas sobre un aspecto, más peso tendrá éste, seguramente, en la construcción del personaje.

 

3. Descubrir tus temáticas

Como he dicho antes, los escritores transforman en historias aquellos temas o problemáticas que les interesan o preocupan especialmente. Con lo cual podemos deducir que cada escrito de un autor está, necesariamente, relacionado con su vida, aunque sea mínimamente.

Volviendo al ejemplo de Saramago (perdonad que me repita, pero creo que este hombre era un genio en todos los aspectos), es cierto que muchas de sus novelas giran en torno a una preocupación: la de que el hombre es un animal cada vez más inconsciente e incapaz de honrar a su propia especie y a la vida.

De esa preocupación vital de Saramago surgieron novelas como Ensayo sobre la lucidez, Ensayo sobre la ceguera o La caverna. Como ves, una sola inquietud dio pie a varias obras cumbre de la historia de la literatura.

¿Qué puedes aprender de tu autor favorito sobre escritura? Vamos a verlo. Para empezar, sólo tienes que teclear su nombre en Google. Bucea en las páginas que hablen de su vida. También es posible que alguien haya escrito su biografía, o que él mismo sea el autor de la misma. Hazte con ella en una biblioteca o en una librería.

Mientras lees sobre tu escritor favorito, ten en mente una pregunta: ¿Qué tiene que ver su vida con los libros que escribió? Busca relaciones entre sus acontecimientos vitales –por nimios que sean- y las temáticas de sus libros.

Una vez finalizado este apasionante trabajo de investigación, probablemente te quedará un listado de momentos vitales que han marcado la obra literaria de tu autor favorito.

Pregúntate cuáles de esos momentos vitales importantes para tu autor (la infancia, el primer beso, la muerte de un ser querido, una guerra…) lo fueron también para ti. ¿Por qué? ¿Qué viviste concretamente en ellos? ¿Qué emociones despertaron en ti? ¿Cómo marcaron tu personalidad o tu forma de ver la vida?

Con este sencillo ejercicio de reflexión has transformado esa lista de acontecimientos vitales clave de tu autor en tu propia lista de acontecimientos vitales importantes. Ahí ya tienes mucho material, y muy valioso, para empezar a escribir desde tu propia experiencia sobre lo que a ti te interesa o te preocupa.

4. El desarrollo del argumento

Por una parte tenemos la temática. Temáticas existen tantas que nunca se escribirán libros suficientes para cubrirlas: el amor, la guerra, la ignorancia, la soledad, la solidaridad, la familia, el odio, la amistad…

Pero elegir una temática no basta para escribir un libro. Sabes sobre qué quieres hablar, pero ¿qué historia vas a desarrollar para hablar de ello?

Esa historia que va a ayudarte a expresar por escrito tus ideas, pensamientos y sentimientos con respecto a cierta temática es el argumento. ¿Qué es lo que sucede en tu libro o en tu relato? ¿Qué situaciones y anécdotas ocurren? ¿Cómo se desarrolla cada línea de acción?

Y te preguntarás… ¿qué me puede enseñar mi autor favorito sobre el diseño de mis argumentos? Vamos a descubrirlo.

A estas alturas ya debes de conocer mucho mejor cómo escribe tu autor: sus herramientas favoritas, los recursos que más emplea… Así que, con este bagaje que ahora tienes, vamos a ver cómo tu escritor aplica sus recursos al desarrollo el argumento.

Para ello, toma cualquiera de sus libros y céntrate en el desarrollo de los acontecimientos. Hazte algunas preguntas como éstas:

  • ¿El ritmo de la historia es rápido o lento? Es decir, ¿los hechos se suceden con urgencia o con parsimonia?
  • ¿Cuántas líneas de acción coexisten? (Por ejemplo: María está muy enferma y la historia se centra solamente en ella; o bien María está muy enferma y al mismo tiempo su marido, Pedro, le está poniendo los cuernos con otra, y el lector es partícipe también de sus vivencias. En el primer caso habría una línea de acción; en el segundo, dos).
  • ¿Cuántos conflictos complican la acción? (María está muy enferma y no sólo su marido se la pega con otra, sino que además María se entera de que van a echarla del trabajo y de que no le queda dinero para el tratamiento).
  • ¿Cuántos giros hay y dónde se sitúan? (María está muy enferma, pero, de repente, un día se cura de forma milagrosa. A la semana siguiente vuelve a caer enferma, y esta vez ya no existe salvación posible para ella).
  • ¿Qué cambia desde que comienza la historia hasta que acaba? (Al principio, María estaba enamoradísima de su marido; cuando enferma, sus prioridades en la vida cambian, y más cuando se entera que Pedro le está poniendo los cuernos. Al final de la historia, María ya no siente nada por su marido y decide pedirle el divorcio).

Éstas y otras preguntas que se te ocurran acerca del argumento y de su desarrollo te harán entender los mecanismos que ha seguido tu escritor favorito para crear su obra. Pregúntate cuál podría haber sido la intención del escritor para usar esos recursos y no otros. Ahora, con el objetivo de tu novela o relato en mente, pregúntate si cabría utilizar alguno de esos recursos, si te convendría aplicar su contrario o si podrías ponerlo en práctica efectuando pequeñas modificaciones.

5. Lo que bien empieza…

En este último punto quiero hablarte de los principios de los libros o íncipits: esas primeras frases en las que se asienta la atmósfera que va a recorrer la novela de punta a punta; los fragmentos que nos preparan para lo que vamos a leer durante un buen puñado de páginas; esas líneas que, muchas veces, nos producen escalofríos de emoción o de impaciencia ante lo que va a suceder.

Fíjate en el comienzo de La caverna, mi novela preferida de José Saramago:

El hombre que conduce la camioneta se llama Cipriano Algor, es alfarero de profesión y tiene sesenta y cuatro años, aunque a simple vista aparenta menos edad.

En una sola oración, Saramago nos da muchísima información sobre el espacio (una camioneta) y el personaje (hombre, Cipriano Algor, alfarero, 64 años, pero parece más joven). ¿Qué puedes aprender de José Saramago en este comienzo? Pues que una buena manera de empezar una novela es emplear una oración que sitúe claramente al lector en un lugar, y que desde el principio sepa quién le va a acompañar en este viaje literario.

Vamos a dejar a Saramago un poquito de lado. Ahora voy a servirme de Gabriel García Márquez, autor al que también admiro muchísimo. Éste es el celebérrimo comienzo de Cien años de soledad, su obra cumbre:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

¡Sólo de escribirlo se me ponen los pelos de punta! ¿Por qué? Porque García Márquez es capaz de hacer cabriolas magistrales en sólo 28 palabras. Al principio te sitúa en el pasado, pero hablándote del futuro (“muchos años después”); luego te lleva, efectivamente, al futuro (“habría de recordar”); y al final te transporta, de nuevo, al pasado (“aquella tarde remota… lo llevó a conocer el hielo”).

¿Qué lección podemos extraer de este comienzo? ¡Muchas! Pero la principal es que una buena manera de comenzar un texto es hacer coexistir varios tiempos.

¿Te ves capaz de hacerlo con tanto arte como Gabriel García Márquez? Antes de contestar que no, te reto a intentarlo…


La intención con la que he escrito este artículo no es tanto averiguar cómo escribe tu autor favorito como ayudarte a reconocer todos los recursos con los que ya cuentas para construir textos de los que puedas sentirte orgulloso.

Mi objetivo es que reconozcas los múltiples frentes desde los que puedes abordar una idea de novela o de relato: puede ser el estilo, los personajes, la temática, el argumento e incluso el comienzo. Si, además, puedes hacerlo siguiendo la metodología que utiliza tu autor favorito, el disfrute y el aprendizaje están asegurados.

¿Qué más recursos crees que puedes obtener leyendo a tu autor favorito? Por cierto, ¿quién es y qué has aprendido hasta ahora de él? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

¡Ah! Si, como a mí, te apasiona la literatura, échale un vistazo a Léeme, el programa de divulgación literaria que he creado. Suscríbete a la newsletter de mi web y únete al club de lectores de Léeme que estoy creando.