Es increíble el paralelismo que existe entre la profesión de escritor y mago. Y no me refiero a magos de ficción tipo Merlín; con barba blanca, sombrero puntiagudo y un caldero mágico. Hablo de magos de verdad. Esos que utilizan el ilusionismo para generar lo imposible sobre el escenario. Su capacidad y método para obrar maravillas no dista demasiado de la capacidad y técnica del escritor que busca sobrecoger al lector con sus historias.

Se alza el telón

Todo espectáculo de magia está compuesto por tres actos:

El primero es la Presentación.

El segundo la Actuación.

El tercero es el Prestigio.

Ésta es la estructura, la tríada fundamental de toda fórmula magia: En la primera parte, la Presentación, el mago muestra algo ordinario (que probablemente no lo sea). En el segundo acto, la Actuación, con ese algo ordinario el mago consigue hacer algo extraordinario (lo hace desaparecer, levitar, transformarse…). Aunque busques el truco, no lo vas a encontrar. Esto es prodigioso y sorprende a la gente, pero aún no se ha desatado la auténtica magia. Por eso, todo espectáculo mágico consta de un tercer acto, que es la parte más importante del espectáculo, su cenit, y tiene un nombre que refleja aquello que se consigue: el Prestigio. En este acto, el mago hace algo extraordinario sobre aquello que ya de por sí era extraordinario (el pañuelo desaparecido reaparece convertido en paloma, la carta aparece en el bolsillo de alguien del público, etc). Alcanza el clímax de su función y desconcierta por completo a todo el público, que le ahogarán en aplausos en cuanto hayan recobrado el aliento. Aquí, el mago hace que ese objeto ordinario que ha desaparecido aparezca en un lugar distinto o que la mujer que había introducido en una caja de madera, momentos antes de clavarle varias espadas, descienda al escenario con un arnés.

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En narrativa ocurre algo parecido: El escritor expone un escenario ordinario, un lugar simple y común donde se inicia una historia cotidiana. Entonces, ocurre algo extraordinario que rompe la monotonía. Y poco a poco, ese algo extraordinario va in crescendo hasta convertirse en algo extraordinariamente extraordinario.

Por usar un ejemplo de una historia que todos conocemos, y sin dejar de lado el tema de la magia: Analicemos Harry Potter y la Piedra Filosofal. Harry es un niño aparentemente normal y corriente, que sobrelleva una vida con sus tíos de la mejor manera que puede y con las mismas preocupaciones que cualquier niño de su edad (Presentación). Entonces, Hagrid, un mago de Hogwarts, irrumpe en su casa y le revela a Harry que desciende de dos poderosos magos y que él también es un mago (Actuación). Pero ahí no terminan las sorpresas, porque según avanza la historia cada vez se revelan más y más secretos y cada vez más cosas ordinarias se vuelven extraordinarias. Harry no tardará mucho en darse cuenta de que el Señor Tenebroso sigue vivo y que él es la única esperanza que existe contra él. Prácticamente en su mano está salvar el mundo (Prestigio).

Dicho de un modo general: la Introducción de una novela sería la Presentación (nos sitúa en escena y conocemos a los personajes), el Nudo sería la Actuación (donde se desarrollan los acontecimientos) y el Desenlace (el final) sería el Prestigio, ese gran final que pone la cereza en lo alto del pastel.

A partir de ahora, presta atención a cualquier historia que se te ponga por delante, sea cual sea el formato. La gran mayoría siguen este patrón y no en vano; es un recurso excelente para enganchar al lector (o audiencia) y generar una curva de interés exponencial que estalla con el clímax, ahora también conocido como Prestigio. Utiliza esta técnica también en tus escritos; ganarás puntos en favor de la atención del lector.

Pero esto no es lo único que tienen en común magos y escritores…

La Misdirection

La Misdirection es básicamente el arte de hacer mirar al espectador hacia una dirección u objeto, mientras que esto da lugar a que el mago pueda realizar el movimiento deseado, sin ser percibido. Aunque es muchísimo más que eso, esta es solo la noción principal.

 

En un espectáculo de magia, la Misdirection clásica (de ahí el nombre) sería la chica atractiva que enseña una chistera vacía o cualquier objeto sobre el que se vaya a realizar el truco. Mientras eso ocurre, el mago realiza lejos del foco el auténtico truco. Pero una Misdirection, aunque está asociado a una acción física, también puede ser una acción verbal, visual o incluso mental. Hay diferentes técnicas, pero todas ellas reúnen tres aspectos esenciales:

1. Contacto visual.

Básicamente consiste en captar la atención de aquel o aquellos a los que vas a sorprender. Si nadie se fija en ti, de poco o nada te va a servir la Misdirection. Primero necesitas generar interés y expectación por lo que se avecina, para luego poder decidir dónde estará la Misdirection y dónde se realizará el auténtico truco.

2. Ser natural.

Sobreactuar o insistir demasiado en que X es importante hará al público sospechar. Hay que limitarse a llevar a cabo el truco como si fuese lo más natural del mundo, algo que fluye por sí solo y no necesita de más elementos. “Si no prestas atención, te lo vas a perder” es más efectivo que “Mira aquí, aquí ocurrirá el truco”.

3. No repetir el engaño.

Esto es de sentido común: Si repites demasiado el mismo engaño, dejará de ser creíble y tarde o temprano te pillarán. Si escribes tres novelas policiacas, y en las tres el asesino al final es el taxista, te garantizo que sorprenderás a muy pocos cuando reveles en la tercera novela quién es el asesino. Por muy discreto que seas a la hora de levantar sospechas, los precedentes siempre estarán ahí.

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En literatura y otros medios de narrativa existe un término muy similar: el red herring. Se trata de utilizar un elemento de la historia (un personaje, un objeto, un acontecimiento…) como medio de engaño para respaldar una falsa premisa. Básicamente es una pista falsa para el lector. Es decir, hacer creer al lector algo que dista mucho de ser cierto. Con el apoyo de los prejuicios del lector y el lenguaje narrativo, construimos una telaraña donde solo el autor decide quién cae en la trampa y quién pasa de largo.

Como ya he dicho, una Misdirection no tiene por qué ser necesariamente un personaje, puede ser un acontecimiento. Cualquier elemento que nos ayude a captar la atención del lector nos sirve. Y aquí un burdo y simplificado ejemplo de cómo funcionaría:

Jorge atraca un banco y muere en el tiroteo.

Jorge roba una barra de pan y tropieza torpemente en la huida.

Ambas situaciones describen un robo que termina mal. Ahora bien, si las lees conjuntamente ¿cuál te resulta más llamativa? Para captar toda la atención del lector precisas de una luz potente y cegadora, como un faro. No puedes captar toda la atención con una linterna, mientras en el horizonte resplandece la potente luz de un faro. La primera situación descrita es el faro y la segunda la linterna. Si colocas la “trampa” en la luz que menos brilla, lo más probable es que el lector descubra el truco al prestarle más atención a aquello que estás intentado dejar en un segundo plano. Pero si, por el contrario, ocultas lo que realmente importa detrás de un red herring tan obvio y atractivo que eclipsa por completo al auténtico, tendrás al lector en tus manos. Y, cuando menos se lo espere, podrás sorprenderle destapando la verdad. Y esto son solo frases, imagínate lo fácil que puede ser crear distracciones en una novela entera.