No sé vosotros, pero yo soy trasnochador y me cuesta mucho coger el sueño. Por eso, a veces, desempolvo de la estantería alguno de esos libros tan aburridos y me pongo a leer. No falla, me quedo dormido del aburrimiento y me ahorro contar ovejitas. Si tú también quieres ayudar a tus semejantes a superar el insomnio con tu novela, sigue estos cinco pasos:

1. Las primeras páginas deben estar repletas de información para saturar al lector.

Nada más empezar a leer, el lector se encuentra con el nombre de varios personajes, ciudades y reinos. ¡Hasta se menciona el nombre de algunos ríos y montañas! También se especifica, mediante varias fechas, acontecimientos relevantes que tuvieron lugar en la trama. Y todo esto en menos de cinco páginas. Si el íncipit de tu novela empieza así, enhorabuena, has escrito un potente somnífero.

2. Nunca pasa nada interesante.

El principio ha sido duro, pero el lector se ha tomado tres cafés y ha llegado más allá. Pero la acción se retrasa y los acontecimientos importantes no hacen más que posponerse. El villano ha descubierto la auténtica identidad del superhéroe y le ha amenazado con acabar con sus seres queridos. Sin embargo, hace 100 páginas que no aparece. Por otro lado, ese gran ejército partió hace semanas para atacar el reino vecino, pero sigue sin llegar. Además, el héroe encontró una espada mágica hace cinco capítulos, pero todavía no la ha sacado del su funda. Si al menos ocurriese algo interesante mientras tanto, pero es que las descripciones aburridas o las escenas de los protagonistas viajando de aquí para allá, sin llegar a ningún sitio, no ayudan.

3. Párrafos enormes que se podrían resumir en dos frases.

La paciencia es una virtud, pero toda paciencia tiene un límite. Y si enfrentamos al lector contra un párrafo que ocupa media página, para decir que el personaje ha salido de su casa y está lloviendo, estamos rozando ese límite. Si cada pocas páginas nos encaramos con un párrafo así, la siesta está más que garantizada.

4. La historia, a rasgos generales, es aburrida o predecible.

Podemos perdonar que una historia tenga algún que otro cliché, pero que sea tan obvia y predecible que siempre sepamos lo que va a ocurrir a continuación, desmejora muchísimo la lectura. Los personajes son tan planos que basta una frase suya para intuir todas sus intenciones a corto y largo plazo. A eso le añadimos una escasa creatividad a la hora de desarrollar las escenas, para terminar siempre acordándonos de otra escena que se le parece mucho y que ya hemos visto en otro sitio. Es el llamado complejo del lector clarividente, que va acompañado de constantes bostezos.

5. El final es soso y la tortura no ha merecido la pena.

Algunas veces, y aunque no es justificable, un mal libro se arregla con un gran final. Del mismo modo que hay películas que son un absoluto despropósito, hasta que llega el final y nos quedamos con la boca abierta. No es una excusa; el libro es malo, pero un gran final amortigua el tormento de su lectura. Ahora bien, cuando la historia es aburrida y el final predecible o insustancial, ¿qué nos queda? Arrepentimiento. En este momento más te vale conservar el tique de compra del libro.

Sigue estos cinco sencillos pasos para conseguir que tu novela sea soporífera y conseguirás que todos tus lectores sientan la tentación de sustituir el libro por la almohada.

¡Nos vemos en los comentarios!