El proceso creativo que conlleva escribir una historia puede volverte loco si no sabes cómo estructurarlo. Para que puedas entender mejor esta fase y qué sistema debes seguir, voy a comparar el desarrollo de una historia, desde el surgimiento de la idea hasta el acabado final, con la elaboración de una escultura.

Al principio de todo del proceso lo primero que tienes es una piedra enorme y amorfa. No representa nada. Lo único que tienes es la intención de convertirla en algo que está en tu cabeza. Y ahí es donde entra en juego la idea. Esa idea es lo que te hará visualizar ese gran bloque de mármol como una maravillosa escultura de Apolo. El bloque sigue siendo una piedra, pero en tu mente ya es algo más.

El primer paso será dibujar en un papel la forma resultante que quieres obtener. Un boceto, pero que indique claramente la forma total y detallada que buscas obtener. Esto equivale al borrador de una novela. Por lo general, tener el borrador terminado y detallado, con todos los hilos argumentales conectados y la trama cerrada es, con diferencia, la parte más difícil de todas. El resto consiste en plasmarlo en el papel de la mejor forma posible. Pero el auténtico trabajo está al principio, cuando la obra no es más que una maraña de conceptos desordenados en tu cabeza. Poner en orden esas ideas y crear una buena historia es francamente difícil, pero con paciencia, esfuerzo y constancia conseguirás construir tu historia. Con esas tres virtudes transformarás el bloque de mármol en la escultura que retienes en tu cabeza.

Vale, tienes en tu cabeza a algunos personajes, sus momentos más emotivos y conflictos más determinantes. También visualizas cuáles van a ser tus partes favoritas y aquellas que conformarán el clímax de la historia. Todo es un batiburrillo de ideas y conceptos en tu cabeza. Y necesitas ordenarlos antes de empezar a picar sobre la piedra. Es decir, antes de ponerte a escribir.

En esta fase del proceso creativo es donde entra en juego la escaleta.

Qué es y cómo se hace una escaleta

Esta herramienta se puede elaborar de muchas formas, desde haciendo un mapa mental hasta ordenando cuidadosamente cada uno de los elementos de la historia mediante tablas y esquemas. El modelo más estandarizado es el cinematográfico, pues la escaleta es un recurso imprescindible para cualquier guionista y todo guión que se precie ha pasado antes por una. En cine, existen dos tipos de escaletas: la técnica y la narrativa. La primera atañe a los detalles técnicos de realización, mientras que la segunda es la que incumbe directamente a la trama. Esta última es la que nos interesa a nosotros como escritores.

Las escaletas se desarrollan por escenas y su aspecto aproximado es tal que así:

Escena: Aquí se indica el número que corresponde a esta escena.
Fecha:  El momento en el que se sitúa dentro de la historia.
Ubicación: El lugar en el que transcurre la acción.
Personajes: Aquí se indican todos los personajes que aparecen en la escena.
Acción: Lo que ocurre en la escena.
Objetivo: Lo que quieres contarle al lector con esta escena, qué información se destapa y cuál permanece oculta.

Escena: 23
Fecha: 5 de Abril de 1920.
Ubicación: Una pequeña cafetería parisina.
Personajes: Jean y Clarise.
Acción: Los protagonistas discuten sobre el paradero de la obra robada en el museo la pasada noche. Llegan a la conclusión de que uno de los testigos miente, pues nada explica cómo un lienzo tan grande y pesado pudo desaparecer así como así. Deciden sospechar de todos los testigos e investigar en torno a ellos.
Objetivo: El punto de interés cambia, ahora se centra en investigar a los testigos y en la nueva estrategia de los protagonistas para conseguir pruebas.

Despacito y con buena letra

Hecha la escaleta, volvemos a la analogía de la escultura.

Si ya tienes el borrador con la visión clara de lo que quieres lograr, el siguiente paso es crear una forma muy general del proyecto sobre la piedra. Primero imaginas la postura y te dedicas a quitar los grandes trozos que te estorban, hasta que se pueda insinuar ligeramente la forma. No obstante sigue siendo una piedra, un poco más cerca de lo que pretende ser, pero lejos de serlo. Esto equivale al proceso de centralizar los puntos importantes y omitir la información irrelevante. Deberás sacrificar mucha información para construir tu historia, pero no olvides que esa información ha sido necesaria para la construcción de la misma. Todas las grandes historias cuentan con una ingente cantidad de información que no aparece en la historia en sí, pero que existe y es necesaria. Véase la teoría del Iceberg de Ernest Hemingway.

Pero hey, no confundas un borrador con un manuscrito. El borrador está sujeto a cambios y solo es un esbozo de lo que vas a contar. No desarrolles nada más allá de lo necesario. Ten en cuenta que, una vez terminada la primera versión de tu manuscrito, vas a cambiar muchas cosas; añadirás y quitarás personajes, eliminarás escenas o capítulos enteros y los reemplazarás por otros con los que no contabas, reescribirás partes enteras porque algo no encaja, etc.

Después viene la parte que pone a prueba nuestra paciencia: el trabajo en sí, esculpir la estatua. Aquí es cuando dependes de tu esfuerzo y tu constancia, virtudes que deberás curtir si quieres que todo salga como esperabas. Debes trabajar poco a poco, organizando el trabajo como mejor te resulte, empezando por las manos y terminando por la cabeza, o empezando por la cabeza y terminando por los pies. No hay un patrón preestablecido, ni en la escultura, ni a la hora de escribir. Lo normal es empezar por el principio y acabar por el final, pero infinidad de autores lo hacen al revés. O simplemente escriben la parte que les apetece según el día. Lo importante es que al terminar el trabajo todo esté perfectamente conectado, sin fisuras.

Como paso final queda pulir los detalles. Esos pequeños e insignificantes aspectos que ni siquiera están recogidos en el borrador, pero que dotan a la figura de vida propia. En una novela será definir las manías más irrelevantes de los personajes, ahondar en sus emociones más íntimas y pulir todos y cada uno de los detalles de cada escenario. Deberás leer y releer tu novela mil veces, para ir quitando y añadiendo detalles, incluso cambiando las partes que no te gusten, o suprimiéndolas completamente.

Esta metáfora pretende que te hagas una ligera idea del proceso que debes seguir, pero de un modo muy generalizado. Sigas el método que sigas a la hora de escribir una novela, la última palabra la tienes tú. Lo único que no permite licencias en la escritura es la planificación. Sin planificación no hay historia que valga.