Muchos de vosotros me habéis preguntado sobre un mismo tema que os da problemas a la hora de escribir: los diálogos. Cuando dos o más personajes se ponen a hablar, os cuesta mantener una conversación interesante para el lector, al mismo tiempo que aporta el valor necesario para la historia. Pero calma, esta complicación es fácilmente subsanable. Te voy a dar 6 claves para mejorar los diálogos y evitar problemas de coherencia o continuidad. Toma nota, espero que te sean útiles:

1. No siempre es necesario nombrar a quién habla.

No necesitas especificar quién es el dueño de cada diálogo, en la mayoría de ocasiones se da por sentado sin necesidad de nombrar a nadie. Intenta leer una conversación entre tus personajes como si de una obra de teatro se tratase, ignorando toda la información añadida por el narrador. En el diálogo que sea ambiguo y no quede totalmente claro quién es la voz, puedes enunciar al personaje. Pero aquellos donde se sobreentiende quién está hablando, ya sea por el contenido, o porque es una conversación entre dos personas y justo antes había hablado el otro, no es necesario precisar. Si repetimos muchas veces algo que ya se daba por sentado, da la impresión de que se está tratando al lector como tonto y además de ser aburrido es frustrante.

2. No abuses del “dijo”.

Un fallo tremendamente común de los escritores noveles que no están curtidos en diálogos consiste en usar el “dijo” para prácticamente todo. No lo hagas. Si se utiliza siempre, o casi siempre que un personaje termina una frase, la lectura puede llegar a ser exasperante. La repetición de palabras priva al texto de fluidez, y el “dijo” no es una excepción. Existen montones de palabras que cumplen esa misma función indicativa que buscas. Usadas adecuada y oportunamente harán el texto mucho más agradable y llevadero. Lo que nos conduce al siguiente punto.

3. No utilices palabras rebuscadas si no es estrictamente necesario.

Inquirió, exhortó, aseveró, repuso, sentenció… muchos autores noveles, cuando descubren una de estas palabras en un libro, se la guardan con recelo para utilizarla en sus propios escritos. Hasta ahí todo bien, siempre y cuando sepas el significado y el propósito exacto de cada palabra. Es demasiado común encontrar diálogos aberrantes donde los personajes exhortan, aseveran, sentencian e inquieren sin ningún motivo. Asegúrate de saber qué significa cada verbo, y de si realmente es eso lo que está haciendo el personaje al hablar. Utilizar palabras raras porque “queda más guay” es un error muy común de los autores noveles. Si este es tu caso, debes erradicar esta costumbre cuanto antes.

4. Cada palabra de un diálogo debe cumplir una función para la trama.

Poner a dos personajes a hablar de temas banales e irrelevantes simplemente porque es “natural” es un somnífero para la historia. Esto ralentizará la trama, muestra información engañosa que despista al lector y para colmo le hace perder el tiempo. Si necesitas que en tu historia haya una conversación sobre temas banales, resúmelo directamente y no lo conviertas en diálogos. En vez de meter dos páginas de diálogos sobre un tema aburrido, explícale al lector en un párrafo de qué han hablado esos dos personajes. Míralo como si fuese una película, donde cada segundo es crucial para el metraje.

5. Debe percibirse la personalidad del personaje en cada diálogo.

Cada personaje tiene su propio registro al hablar; una actitud, unas muletillas, un lenguaje concreto, un acento, manías verbales, tics… Su personalidad depende de cómo la hayas diseñado, pero debe apreciarse también cuando habla, no sólo en sus acciones. Ten esto muy en cuenta a la hora de escribir los diálogos de cada personaje como individuo. Imagina la escena en tu cabeza y piensa cómo hablaría y gesticularía cada uno y si queda acorde a su forma de ser.

6. Despierta la curiosidad del lector y mantén la incertidumbre.

Raciona la información que quieres expresar en los diálogos. No sueltes toda la información valiosa de golpe, deja que el lector lo vaya asimilando poco a poco, que se sienta parte de la conversación. Un personaje puede decir que ha tenido una idea brillante, pero en lugar de soltarla de golpe puedes jugar un poco con la curiosidad del lector y posponer esa información un poco más. Jugar con la información que conoce cada personaje es una herramienta narrativa muy poderosa, y sólo con la práctica seremos capaces de sacarle todo el partido. No te limites a hacer un intercambio de datos cuando dos personajes se cruzan. Puedes hacerlo más interesante: puede que uno quiera algo a cambio, puede que el otro tenga que comunicarle algo muy importante y no sabe cómo hacerlo, puede que en el último momento alguien cambie de idea y al final no le diga lo que le tenía que decir. Las opciones son infinitas y dependen directamente del tipo de historia que estés narrando, por eso depende de ti sacarle todo el jugo a tus diálogos.

Pon en práctica estas herramientas en tus propios diálogos y notarás una mejora inmediata. Escribe con humildad, sin pretensiones ni palabras que se escapan de tu vocabulario. Narra los diálogos como si estuvieses contándole a un amigo lo que otro te ha dicho.