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7 clichés narrativos que deberían desaparecer para siempre

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7 clichés narrativos que deberían desaparecer para siempre

Un cliché es una idea o expresión repetida demasiadas veces. Por regla general, los clichés se repiten porque, en la teoría, «funcionan» y «gustan». ¿Pero qué pasa cuando un cliché, además de ser una idea sobreexplotada, es una mala idea? Pues que los lectores y espectadores que nos topamos con ellas, sufrimos. Porque pocas cosas pueden estropear tanto una historia como cualquiera de estos siete clichés narrativos, y por ello deberían desaparecer para siempre del imaginario colectivo.

1. El elegido

El protagonista ha sido elegido por una fuerza superior que le ha dotado de extraordinarios poderes, le ha dado la capacidad de hacer algo único o la misión de lograr algo que solo él puede lograr. En cualquier caso, lo único que ha hecho él para ganar semejante mérito ha sido existir.
Es un recurso de novato, muy común en aquellos autores que no saben cómo dotar de interés a su protagonista. El problema es que, además de estar cocinando a fuego lento a un potencial Gary Stu, tu protagonista no se convierte en héroe solo por tener un superpoder o una gran responsabilidad sobre su espalda. En primer lugar, no eres un héroe solo por el hecho de ser el único en poder hacer algo. Ser el mejor en algo, cuando ni siquiera te has esforzado en serlo, no te convierte en una figura heroica o digna de admiración. Y en segundo lugar, ¿qué mérito tiene hacer algo cuando el universo conspira a tu favor para que lo hagas? ¿No resulta más heroico luchar contra el destino y salir adelante con un sueño u objetivo aunque pareciese imposible?

¿Cómo solucionarlo?

Si quieres que tu héroe tenga un poder que nadie más tiene, acompáñalo de una desventaja de igual magnitud. Es decir, dale una de cal y otra de arena (nunca he entendido cuál es la buena y cuál es la mala en esta expresión). Como escritor, no seas el padre o la madre sobreprotector que le da regalos a su hijo sin haber hecho absolutamente nada. Haz que se gane el derecho a poseer esos regalos.
La responsabilidad de salvar el mundo se convierte en un conflicto siempre y cuando el héroe de la historia no cuente con demasiada ayuda externa. Tiene que sufrir y esforzarse para alcanzar su objetivo. La idea es que mires fijamente a los ojos a ese héroe que has creado y le digas seriamente: «oye, tú, tienes que salvar el mundo, pero no pienso ayudarte».

2. Quedarse inconsciente a la mínima

Estamos hartos de ver con qué facilidad se quedan inconscientes los personajes en demasiadas obras de ficción. En serio, ¿el cráneo de esos personajes está hecho de galleta o algo parecido? Es tan estúpidamente fácil dejarlos k.o. que hasta sorprende que más adelante, en una escena de acción, no se desintegren por la mera inercia del viento. La típica caída por las escaleras, el golpecito karateka en la cabeza, el clásico jarrón noqueador o el puñetazo a lo Mike Tyson… Cualquier golpe es una buena excusa para dejar oportunamente inconsciente al personaje de turno.

Seamos realistas: si una persona recibe un golpe en la cabeza lo suficientemente fuerte como para perder el conocimiento, debe ser llevado inmediatamente a un hospital porque es probable que haya sufrido una conmoción cerebral grave. De hecho, quedar inconsciente por un golpe puede acarrear secuelas terribles y permanentes. Entonces, el justiciero que se dedica a noquear a los guardias de seguridad porque tiene un fuerte código de honor que le impide matar… Bueno, no sé qué es peor.

¿Cómo solucionarlo?

Este «recurso», de dejar inconsciente a un personaje, se utiliza mucho para llevar al lector o espectador de un lugar a otro privándole de la información intermedia, ya sea por intereses de la trama o simplemente para ahorrarnos el viaje. Pero si necesitas llevar a un personaje de un lugar a otro y quieres evitar el recorrido, usa una elipsis y fin del problema. Este recurso no es ningún secreto, ni está mal visto o prohibido. Y, por supuesto, es infinitamente mejor que el teletransporte noqueador. Y si lo que necesitas es quitar de en medio a un personaje sin llegar a matarlo; existen presas, somníferos, trampas, distracciones y muchas otras circunstancias más realistas que puedes utilizar.

3. Personajes que aprenden demasiado rápido

Un cliché de los más detestables: personajes sin experiencia que son mejores que los expertos, solo por el hecho de ser más importantes para la trama. El protagonista ha dedicado su vida a la agricultura, pero en el momento en el que atacan su aldea, decide coger una espada y enfrentarse a diez soldados armados. Diez soldados que llevan toda su vida entrenándose en combate y en el uso de las armas. Pero, inexplicablemente, el campesino derrota a los diez guerreros. Esto, mires como lo mires, es imposible. En la vida real, un campesino no tiene ni la más mínima posibilidad contra un soldado entrenado. Éste último le cortaría la cabeza antes incluso de que el campesino pudiese levantar la espada.

Luego está la versión «entrenamiento exprés para salvar el mundo», donde el mentor entrena al campesino/héroe durante una semana porque el domingo tendrá que plantarle cara al Lord Rey Tirano Oscuro (el villano de turno que está sometiendo al reino bajo su tiranía). Llega el domingo y el héroe se enfrenta al Lord Rey Tirano Oscuro, un hombre que ha nacido en el seno de la guerra, embutido en la mejor armadura del reino y con una espada con poderes mágicos (claro, es el rey, tiene acceso a un mejor equipamiento que el campesino). Pues aún así, sin entender muy bien cómo, el héroe gana la batalla final y derrota a su adversario.

Ahora bien, volvamos al mundo real: si el lunes te apuntas a clases de Kung Fu por primera vez en tu vida, ¿te digo lo que podrás hacer el domingo? NADA. Te caerás al intentar dar la patada más patética de tu vida. Eso es lo que pasa cuando una persona normal entrena una semana, que no pasa nada. Aunque tus maestros sean Yoda, Gandalf o Merlín, en una semana no habrás aprendido nada determinante.

Pero el problema no solo radica en esa increíble capacidad de aprendizaje, sino además en cómo el tiempo actúa en favor del héroe. Cuando él entrena, el tiempo se ralentiza como en la Cámara del Tiempo de Dragon Ball Z y todo es más eficiente y productivo. Parece que el tiempo solo fluye para aquellos que salen en pantalla, y las acciones paralelas (como el entrenamiento que podría estar haciendo el villano por su parte), no cuentan. Pero si somos justos, y el héroe está entrenando una semana, el villano también podría estar entrenando al mismo tiempo, ¿no?. Y si el villano es un hombre de cuarenta años, que lleva en el negocio de matar inocentes desde que le salieron las primeras espinillas, ¿cómo me explicas que un campesino de dieciocho años le derrote en combate?

Si aplicamos la lógica realista a esta situación, la escena sería así: después de un intenso entrenamiento durante una semana, el héroe se enfrenta al gran villano. Empieza el combate. El heroico campesino empieza a llorar del estrés. El Lord Rey Tirano Oscuro enarbola su espada y corta al héroe verticalmente en dos trozos. Fin.

¿Cómo solucionarlo?

Nunca plantees un enfrentamiento directo entre dos contendientes con un nivel de experiencia tan dispar, especialmente si tu idea es que gane el novato. Puedes solucionar esto de mil formas: el héroe juego sucio, se apoya en sus aliados para ganar ventaja, se enfrenta a un enemigo herido o le arrebata su ventaja de algún modo. Pero nunca pretendas que un gato venza a un tigre solo por el hecho de ser el protagonista.

4. La amnesia

El personaje que queda amnésico tras un accidente y no recuerda nada es, probablemente, el recurso narrativo más pobre y cutre de cuantos existen. Cada vez que veo que en una historia ocurre algo así, automáticamente cierro el libro, apago la tele o me salgo del cine. Es irritante. No solo delata una falta de creatividad abrumadora por parte del autor, sino que es un recurso tan de telenovela y tan manoseado, que sería como contarle el cuento de Caperucita Roja a alguien y encima pretender que se sorprenda con el final.

Este recurso se usa mucho en series donde los guionistas buscan alargar hasta el extremo la tensión dramática que genera una situación. Por ejemplo: dos personajes están enamorados pero son incapaces de declararse su mutuo afecto. Durante tres temporadas se dedican miradas, susurros, regalos, indirectas… pero nunca nada decisivo. En el último episodio de la tercera temporada, el chico se declara. Esa tensión dramática alcanza su cenit y desaparece cuando las intenciones quedan claras. Entonces, los guionistas, deseosos de seguir cobrando su sueldo y con miedo a que un giro drástico perjudique a la audiencia, buscan una forma de reiniciar el interés. Deciden que, en el episodio 1 de la cuarta temporada, la chica cae por las escaleras y sufre amnesia tras la caída. Y obviamente no recuerda la declaración del chico. Se vuelve a crear esa tensión dramática y vuelta a empezar. Es cutre, sí, pero a cierta audiencia le basta.

¿Cómo solucionarlo?

Si necesitas que uno de tus personajes olvide algo, tal vez te resultaría más fácil jugar con el lenguaje narrativo y simular que ese personaje se ha enterado de algo, cuando en realidad no ha sido así. El espectador o lector pensará que lo sabe y esperará expectante su reacción, pero en realidad ha sido todo obra de una artimaña del autor. O también puedes hacer que ese personaje se tope con un Azotamentes en algún callejón oscuro. Cualquier alternativa será mejor que la amnesia.

5. El villano quiere conquistar el mundo porque sí

Según algunas historias, su villano principal se levantó un día por la mañana y dijo “voy a conquistar el mundo”. Ya está. Ahí termina todo el trasfondo y mundo interior del villano. Su motivación es conquistar el mundo porque así podrá gobernar sobre todos para… para sentirse bien, supongo. Imagino que no hay que explicar por qué este cliché es un mal cliché. No solo es un personaje tan plano que roza lo caricaturesco, sino que encima está ocupando un papel tan importante como el de villano o antagonista. Un completo desperdicio, derrochado de la peor manera posible.

¿Cómo solucionarlo?

Trata al villano como tratarías a cualquier otro personaje de tu historia. Nadie es malo porque sí. Ninguna persona nace y lo primero que piensa es en matar a la matrona y devorar su corazón. Pregúntate por qué tiene esa motivación, y dale un significado de peso. Se podrían llenar estanterías hablando de este tema, pero la premisa principal radica en la primera frase de este párrafo.

6. Todo ha sido un sueño

Y al final, todo era un sueño… Es un recurso muy común en cine y televisión, y no tanto en literatura (por fortuna). Este cliché consiste en presentar una escena como si fuese verdadera, donde ocurre algo impactante que deja en shock al espectador (alguien es infiel, un personaje importante muere, alguien ha resucitado…) pero, inmediatamente después, vemos como el soñador despierta sudoroso de un sobresalto, para sumirnos en la decepción. Este cliché no solo peca de una falta terrible de creatividad e ingenio para generar suspense, sino que además consigue que el público se sienta traicionado. Así, la próxima vez que ocurra algo impactante, me lo pensaré dos veces antes de llevarme las manos a la cabeza. Por cierto, los que sigáis pensando que al final de LOST “todo era un sueño”, siento deciros que no habéis entendido nada de esa serie.

¿Cómo solucionarlo?

Este recurso es aceptable si la intención es expresar sentimientos o preocupaciones del personaje. Se avisa sutilmente de que puede tratarse de un sueño, o la escena onírica transcurre de manera diferente al resto de escenas reales. Así, el espectador captará esa información con un enfoque más suavizado, menos susceptible a la sorpresa. No se trata de engañar y sorprender al espectador, sino hacerle partícipe de las preocupaciones del personaje y que llegue a sentir miedo o anhelo por la posibilidad de que ese sueño pueda realmente llegar a ocurrir. Así se genera una mayor empatía hacia el personaje y, en caso de que el sueño fuese premonitorio, la sorpresa no quedará opacada gracias a la tensión creada.

7. Romances forzados y evidentes

¿Recuerdas esos clásicos Disney donde la princesa protagonista y el príncipe estaban mejor dibujados y el resto de personajes eran como más caricaturescos? Pues algo parecido ocurre cuando es evidente que el chico y la chica protagonistas se enamorarán y se darán un beso épico al final de la peli. Generalmente, ella es una joven de origen humilde y él un príncipe, o al revés. Y aunque al principio hay roces y no se llevan bien, es tan obvio que acabarán juntos que al espectador ya le da igual el desarrollo del romance.

El protagonista lleva toda su vida soltero y puro, pero en los tres días de su vida donde transcurre toda la trama, le da tiempo a conocer al amor de su vida (que casualmente es la mujer más guapa que jamás ha conocido), a enamorarse y, de paso, a salvar el mundo. Este cliché se extiende hasta tal punto que la relación se vuelve extremadamente previsible. Estás viendo una película y de pronto presentan a un nuevo personaje, una chica con carácter y demasiado atractiva para el contexto en el que se encuentra. Sorpresa, al final se enamoran.

¿Cómo solucionarlo?

Es imposible construir un romance en tres días sin que resulte precoz o forzado. La mejor opción es plantear una relación previa (la chica es su vecina, su compañera de clase, la camarera que le sirve el café todas las mañanas…), y previamente ya existía un interés, unas miradas y cierta curiosidad mutua. En el caso de invertir los sexos, y que sea la chica la protagonista, la fórmula es idéntica. Y por favor, lógica ante todo; Charlize Theron no es precisamente un ejemplo de camarera de barrio normal y corriente. ¿Sabes una cosa, Hollywood? No solo las personas guapas se enamoran.

Me temo que los flechazos, aunque existan en la realidad, en la ficción no son tan creíbles (todo lo que parezca obra del azar o del destino se digiere mal). Y a no ser que seas un genio como Shakespeare con su archiconocido par de enamorados, no te aconsejo que abordes el flechazo romántico como el único motivo para que dos personajes se enamoren. Pero más allá de esa primera impresión, puedes acudir a la realidad como fuente de inspiración para crear amores creíbles e intensos, donde ni todo el mundo es supermodelo, ni todo lo que ocurre en una relación es perfecto.

Estos son siete clichés narrativos que deberían desaparecer, pero no son los únicos. La lista es muy amplia y seguro que tú conoces clichés incluso peores. Nos vemos en los comentarios. Está permitido quejarse.

Inteligencia Narrativa estrena sombrero nuevo

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Los pokémon no son los únicos que evolucionan, los blogs también. Necesitaba un cambio para estar a la altura y mantener el ritmo exigido por la comunidad, y aquí está. He trabajado muy duro, a lo largo y ancho de estos meses, para convertir mi viejo Seat 600 en todo un Ferrari. Estos son algunos de los cambios más evidentes que se han llevado a cabo:

  • Nueva marca y nuevo diseño general.
  • La web ahora es mucho más ligera y está íntegramente optimizada.
  • Todos los servicios editoriales han sido reformulados.
  • Se han incluido nuevos servicios editoriales y una mentoría Premium.
  • Nuevos posts, que irán apareciendo con regularidad.
  • Las RRSS también han sido actualizadas con un nuevo diseño y una mejor optimización.

¡Y estos no son todos los cambios que he preparado, pero prefiero ir poco a poco! Más adelante traeré otras novedades, que completarán la transformación del blog.

Y lo mejor de todo esto es que voy a retomar las viejas costumbres: publicar posts con regularidad y constancia. Y, acudiendo a las propuestas que tanto me hacéis, abordaré esos temas para completar toda la información al respecto y suministrarla en posts directos, concretos y claros. Como era costumbre, vaya.

Ah, y también se reeditarán los posts antiguos. Esto incluye una revisión del texto, actualización de enlaces, correcciones en la maquetación y optimización de imágenes. Se hará poco a poco, hasta que todo el contenido del blog esté en sintonía con el nuevo diseño y su estructura. Es mucho curro, sed pacientes.

Un millón de gracias a todos los que habéis estado esperando todo este tiempo sin perder la paciencia ni la ilusión. Admito que ha sido una larga espera, pero haré que haya merecido la pena.

¡Nos vemos!

20 historias de terror contadas en dos frases (parte 3)

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20 historias de terror contadas en dos frases

(3ª parte)

Un año más, continúo esta línea de microrrelatos de terror. Este post es una continuación de 20 historias de terror contadas en dos frases (parte 1) y de 20 historias de terror contadas en dos frases (parte 2). Al igual que el año pasado, la autoría de cada relato corresponde a su autor, expuesto en la sección de comentarios de los post previamente citados.

 

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~1~

No siento la lengua.

La busco entre la sangre pero solo encuentro mis ojos.

 

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~2~

Perdona si te miro de esta manera,

pero desde que me mataste ya no soy el mismo.

 

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~3~

Nunca imaginé que me pasaría los últimos diez años encerrado.

Me aburro tanto en este ataúd…

 

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~4~

Al volver de la guerra solo esperaba encontrarme con la sonrisa de mi hijo.

Me entristece verle llorar ahora que estoy muerto.

 

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~5~

No importa cuantas veces vuelva a pintar esa pared,

esa cara reaparece y me sigue mirando.

 

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~6~

Cierra las ventanas mientras afilo el cuchillo.

No querrás despertar a los vecinos con tus gritos.

 

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~7~

Al final del pasillo una luz tintineaba.

Eso fue después de oír aquel grito ensordecedor.

 

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~8~

Me encanta sentarme con ella mientras lee en el parque.

Si tan solo pudiera verme…

 

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~9~

Él todavía me pregunta quién mato a su madre.

Pero aún así, no puedo decirle que él fue el culpable.

 

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~10~

Odio quedarme en casa de la abuela.

Esos sollozos que vienen del desván no me dejan dormir.

 

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~11~

Juraría haber dejado a mi muñeca en la estantería.

No entiendo qué hace en el pasillo a estas horas.

 

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~12~

Creo que me he roto la pierna al caer.

Oigo como el metro se acerca desde el oscuro túnel.

 

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~13~

En mi casa hay siete puertas en total.

Ignoro adónde conducirá la octava.

 

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~14~

Por más que apunto con la linterna a esa esquina

aquella sombra no desaparece.

 

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~15~

No me detuve ni un segundo ante aquella chica haciendo autostop de madrugada.

Lo habría hecho de no haber sido porque sus pies no tocaban el asfalto.

 

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~16~

Me he perdido en el bosque y ya ha anochecido.

Le preguntaré a aquel hombre alto y trajeado por la salida.

 

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~17~

El primer sábado de cada mes me trae rosas a la cama.

Pero nunca lo hizo cuando estuvo viva.

 

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~18~

Las llamas del horno del crematorio consumieron su carne.

Entonces, las llamas del infierno consumieron su alma.

 

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~19~

Algunas mujeres hermosas te hacen perder la cabeza.

Es más fácil cuando el hacha está afilada.

 

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~20~

Antes de cenar, en casa de un amigo, me he peinado frente al espejo del pasillo.

Mientras cenamos, él me preguntó: ¿Que hacías parado frente a aquel retrato del pasillo?

Cómo hacer magia con las palabras, literalmente

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Es increíble el paralelismo que existe entre la profesión de escritor y mago. Y no me refiero a magos de ficción tipo Merlín; con barba blanca, sombrero puntiagudo y un caldero mágico. Hablo de magos de verdad. Esos que utilizan el ilusionismo para generar lo imposible sobre el escenario. Su capacidad y método para obrar maravillas no dista demasiado de la capacidad y técnica del escritor que busca sobrecoger al lector con sus historias.

Se alza el telón

Todo espectáculo de magia está compuesto por tres actos:

El primero es la Presentación.

El segundo la Actuación.

El tercero es el Prestigio.

Ésta es la estructura, la tríada fundamental de toda fórmula magia: En la primera parte, la Presentación, el mago muestra algo ordinario (que probablemente no lo sea). En el segundo acto, la Actuación, con ese algo ordinario el mago consigue hacer algo extraordinario (lo hace desaparecer, levitar, transformarse…). Aunque busques el truco, no lo vas a encontrar. Esto es prodigioso y sorprende a la gente, pero aún no se ha desatado la auténtica magia. Por eso, todo espectáculo mágico consta de un tercer acto, que es la parte más importante del espectáculo, su cenit, y tiene un nombre que refleja aquello que se consigue: el Prestigio. En este acto, el mago hace algo extraordinario sobre aquello que ya de por sí era extraordinario (el pañuelo desaparecido reaparece convertido en paloma, la carta aparece en el bolsillo de alguien del público, etc). Alcanza el clímax de su función y desconcierta por completo a todo el público, que le ahogarán en aplausos en cuanto hayan recobrado el aliento. Aquí, el mago hace que ese objeto ordinario que ha desaparecido aparezca en un lugar distinto o que la mujer que había introducido en una caja de madera, momentos antes de clavarle varias espadas, descienda al escenario con un arnés.

***

En narrativa ocurre algo parecido: El escritor expone un escenario ordinario, un lugar simple y común donde se inicia una historia cotidiana. Entonces, ocurre algo extraordinario que rompe la monotonía. Y poco a poco, ese algo extraordinario va in crescendo hasta convertirse en algo extraordinariamente extraordinario.

Por usar un ejemplo de una historia que todos conocemos, y sin dejar de lado el tema de la magia: Analicemos Harry Potter y la Piedra Filosofal. Harry es un niño aparentemente normal y corriente, que sobrelleva una vida con sus tíos de la mejor manera que puede y con las mismas preocupaciones que cualquier niño de su edad (Presentación). Entonces, Hagrid, un mago de Hogwarts, irrumpe en su casa y le revela a Harry que desciende de dos poderosos magos y que él también es un mago (Actuación). Pero ahí no terminan las sorpresas, porque según avanza la historia cada vez se revelan más y más secretos y cada vez más cosas ordinarias se vuelven extraordinarias. Harry no tardará mucho en darse cuenta de que el Señor Tenebroso sigue vivo y que él es la única esperanza que existe contra él. Prácticamente en su mano está salvar el mundo (Prestigio).

Dicho de un modo general: la Introducción de una novela sería la Presentación (nos sitúa en escena y conocemos a los personajes), el Nudo sería la Actuación (donde se desarrollan los acontecimientos) y el Desenlace (el final) sería el Prestigio, ese gran final que pone la cereza en lo alto del pastel.

A partir de ahora, presta atención a cualquier historia que se te ponga por delante, sea cual sea el formato. La gran mayoría siguen este patrón y no en vano; es un recurso excelente para enganchar al lector (o audiencia) y generar una curva de interés exponencial que estalla con el clímax, ahora también conocido como Prestigio. Utiliza esta técnica también en tus escritos; ganarás puntos en favor de la atención del lector.

Pero esto no es lo único que tienen en común magos y escritores…

La Misdirection

La Misdirection es básicamente el arte de hacer mirar al espectador hacia una dirección u objeto, mientras que esto da lugar a que el mago pueda realizar el movimiento deseado, sin ser percibido. Aunque es muchísimo más que eso, esta es solo la noción principal.

 

En un espectáculo de magia, la Misdirection clásica (de ahí el nombre) sería la chica atractiva que enseña una chistera vacía o cualquier objeto sobre el que se vaya a realizar el truco. Mientras eso ocurre, el mago realiza lejos del foco el auténtico truco. Pero una Misdirection, aunque está asociado a una acción física, también puede ser una acción verbal, visual o incluso mental. Hay diferentes técnicas, pero todas ellas reúnen tres aspectos esenciales:

1. Contacto visual.

Básicamente consiste en captar la atención de aquel o aquellos a los que vas a sorprender. Si nadie se fija en ti, de poco o nada te va a servir la Misdirection. Primero necesitas generar interés y expectación por lo que se avecina, para luego poder decidir dónde estará la Misdirection y dónde se realizará el auténtico truco.

2. Ser natural.

Sobreactuar o insistir demasiado en que X es importante hará al público sospechar. Hay que limitarse a llevar a cabo el truco como si fuese lo más natural del mundo, algo que fluye por sí solo y no necesita de más elementos. «Si no prestas atención, te lo vas a perder» es más efectivo que «Mira aquí, aquí ocurrirá el truco».

3. No repetir el engaño.

Esto es de sentido común: Si repites demasiado el mismo engaño, dejará de ser creíble y tarde o temprano te pillarán. Si escribes tres novelas policiacas, y en las tres el asesino al final es el taxista, te garantizo que sorprenderás a muy pocos cuando reveles en la tercera novela quién es el asesino. Por muy discreto que seas a la hora de levantar sospechas, los precedentes siempre estarán ahí.

***

En literatura y otros medios de narrativa existe un término muy similar: el red herring. Se trata de utilizar un elemento de la historia (un personaje, un objeto, un acontecimiento…) como medio de engaño para respaldar una falsa premisa. Básicamente es una pista falsa para el lector. Es decir, hacer creer al lector algo que dista mucho de ser cierto. Con el apoyo de los prejuicios del lector y el lenguaje narrativo, construimos una telaraña donde solo el autor decide quién cae en la trampa y quién pasa de largo.

Como ya he dicho, una Misdirection no tiene por qué ser necesariamente un personaje, puede ser un acontecimiento. Cualquier elemento que nos ayude a captar la atención del lector nos sirve. Y aquí un burdo y simplificado ejemplo de cómo funcionaría:

Jorge atraca un banco y muere en el tiroteo.

Jorge roba una barra de pan y tropieza torpemente en la huida.

Ambas situaciones describen un robo que termina mal. Ahora bien, si las lees conjuntamente ¿cuál te resulta más llamativa? Para captar toda la atención del lector precisas de una luz potente y cegadora, como un faro. No puedes captar toda la atención con una linterna, mientras en el horizonte resplandece la potente luz de un faro. La primera situación descrita es el faro y la segunda la linterna. Si colocas la «trampa» en la luz que menos brilla, lo más probable es que el lector descubra el truco al prestarle más atención a aquello que estás intentado dejar en un segundo plano. Pero si, por el contrario, ocultas lo que realmente importa detrás de un red herring tan obvio y atractivo que eclipsa por completo al auténtico, tendrás al lector en tus manos. Y, cuando menos se lo espere, podrás sorprenderle destapando la verdad. Y esto son solo frases, imagínate lo fácil que puede ser crear distracciones en una novela entera.

Qué es el realismo mágico y cómo escribir este género único

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A menudo me sorprendo al comprobar lo poco que sabemos de nuestra propia literatura, siendo más conscientes de la extranjera que de aquella que forma parte de nosotros. Hace unos días, unos amigos con amplios estudios en Literatura Española e Hispanoamericana me hablaban de todo lo que nuestra literatura ha aportado al mundo de las letras y de toda la riqueza que yace en ella.

La literatura siempre ha sido un reflejo cultural del lugar donde nace. Cada novela y ensayo contiene una impronta social heredada de su autor, que nos deja entrever cómo piensa y siente el mundo que le rodea. Y no es casual que la literatura española e hispanoamericana vayan siempre de la mano. Es una prueba más de cómo una lengua y un pasado en común es capaz de unir diferentes continentes y hermanarnos a todos bajo una misma forma de entender el mundo.

Literatura española e hispanoamericana y el realismo mágico

Un sacerdote que levita mientras celebra la misa. Una madre que vive en Ohio después de la Guerra Civil con el niño que asesinó. Un camino que solo conduce a su destino cuando vas silbando una canción en concreto. Un niño nigeriano pobre, que es también un abiku (un espíritu infantil) que lucha contra políticos corruptos para permanecer en la tierra de los vivos.
Bienvenido al realismo mágico: un tipo de narrativa donde la magia surge de forma maravillosa e inesperada en un contexto realista. El contraste entre lo fantástico y los elementos reales se convierte en algo exquisito cuando la magia se presenta como un elemento cotidiano pero cargado de significado.

El término «realismo mágico» fue utilizado por primera vez por el crítico de arte alemán Franz Roh en 1925 para describir un nuevo estilo de pintura europea. Estas pinturas, a diferencia de las obras de arte surrealistas típicas de la época, no estaban enfocadas en la fantasía. Representaban los paisajes urbanos europeos tradicionales, creando una sensación de misterio a través de detalles estilizados y una atmósfera estéril. Tales pinturas ahora se conocen comúnmente por otros términos tales como hiperrealismo o pintura metafísica. Es decir, la primera vez que se acuñó el término, el significado distaba mucho de ser lo que a día de hoy entendemos por realismo mágico.

Y es que este género solo cobró realmente fuerza cuando se manifestó en la literatura.

La etiqueta se utilizó por primera vez en América Latina para describir la fantasía mundana y metafísica de escritores como el argentino Jorge Luis Borges y el europeo Franz Kafka. Estos textos usaban la magia para proclamar una identidad independiente para América Latina, aunque las auténticas novelas de realismo mágico utilizan esa magia de manera más irónica o satírica.

La archiconocida publicación de 1967, Cien años de soledad, está considerada como el texto realista mágico arquetípico. Escrita por el novelista colombiano y Premio Nobel, Gabriel García Márquez, Cien años de soledad desencadenó un «boom» sin precedentes en la literatura latinoamericana. No es descabellado decir que García Márquez es el auténtico padre del realismo mágico. No solo por haber sido el detonante del género, sino por su magistral forma de emplearlo a través de la ironía y la sátira.

En la década de 1980, el éxito del libro había provocado una avalancha de novelas realistas mágicas a nivel internacional. Los Niños de Medianoche de Salman Rushdie (1981) ganaron el Premio Booker en 1981 y fueron adaptados para la gran pantalla. La Casa de los Espíritus (1982), de la escritora chilena Isabel Allende, fue un bestseller aclamado por la crítica y también tuvo su propia película.

A día de hoy, tal es la abundancia de novelas de este estilo, que el realismo mágico se ha convertido en un género literario.

Con sus raíces en las pinturas de las ciudades europeas después de la Primera Guerra Mundial, el realismo mágico ha evolucionado hasta convertirse en una forma literaria política e irónica, que mezcla la fantasía de un modo nunca antes visto. Y es que por mucho que pensemos que ya todo está escrito y que los géneros son los que son, siempre habrá alguien que hallará la forma de crear algo totalmente nuevo, valiéndose de los ingredientes más clásicos de la literatura. Así es como funciona el arte, y por eso nos encanta.

8 libros de terror que te harán tener pesadillas

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A diferencia que en el cine, parece que encontrar recomendaciones de libros de terror que no sean los conocidísimos clásicos es una tarea bastante ardua. Las listas siempre están copadas por las estrellas del género: Stephen King no puede faltar en cualquier recopilación que se precie, y lo mismo sucede con H.P. Lovecraft y con Edgar Allan Poe, sin contar con esas lecturas que resultan indispensables para cualquier lector pero que por su temática están catalogadas dentro del género (Drácula de Bram Stoker, Frankenstein de Mary Shelley, El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde de Robert Louis Stevenson). Hoy hablaremos de algunos libros que han dejado marca dentro de la literatura de terror y que quizás no son tan conocidos, aunque también dejaremos espacio para referirnos a algún que otro clásico… ¡que nunca está de más!

It, Stephen King

Si la tarea de elaborar una lista con piezas representativas del género de terror ya es difícil dada la variedad y los diferentes estilos y contextos, se añade otra problemática: es tremendamente difícil escoger entre una sola de las novelas de Stephen King. Rey del género por antonomasia, su prolífica carrera está trufada por decenas de historias, la mayoría de ellas inquietantes y que suelen mezclar lo paranormal con los deseos más oscuros del ser humano. He escogido It porque me parece una de sus obras más redondas en la consecución del terror en su estado más primigenio: un horror que nace en la infancia en una forma concreta, y que termina persiguiéndote el resto de la vida, adoptando la forma de tus temores más secretos. Pennywise se ha ganado su puesto indiscutible entre los personajes más terroríficos de la historia de la literatura, pero la cosa con King no termina aquí: si quieres sentir más escalofríos puedes leer otras de sus novelas como El resplandor, La tienda, Desesperación o Carrie.

Cabal, Clive Barker

Esta novela de Clive Barker es una de esas novelas imprescindibles para quienes indagan un poco en el género, en busca de lecturas que les mantengan pegados a la silla. Situada en la frontera entre la extravagancia narrativa y la psicología perturbadora de un personaje, Cabal nos presenta a un hombre con unas terribles pesadillas que parecen ser algo más: y es que el horror se vuelve algo muy tangible cuando se rompe la frontera de nuestros actos inconscientes y atraviesan la frontera de la realidad. De esta manera, el protagonista se enfrenta a un viaje contra sus propios demonios mientras una mujer le sigue a la zaga, decidida a no renunciar al amor de su vida por duras que sean las consecuencias.

A ciegas, Josh Malerman

Uno de los terrores más grandes que puede atenazarnos en las noches de insomnio es el de quedarnos privados de alguno de nuestros sentidos. La vulnerabilidad que sentimos está directamente asociada al miedo a la oscuridad, por ejemplo, y este sentimiento es precisamente la baza que juega Malerman en A ciegas, donde nos presenta una historia que se mueve en las tinieblas de la ceguera. Durante cinco años, cualquiera que abra los ojos se ha enfrentado a un terror que no ha sido capaz de superar y que ha sesgado las vidas de buena parte de la población. Malorie y sus dos hijos son unos de los pocos supervivientes, subsistiendo al cobijo de una casa abandonada cerrada a cal y canto. Pero cuando la situación se hace insostenible y es necesario salir al exterior, Malorie tendrá que confiar en poder superar ese terror que acecha más allá de la visión.

La chica de al lado, Jack Ketchum

El caso de Sylvia Likens, una joven que fue cruelmente torturada por todo un barrio en los años 50, se ha hecho tristemente popular por las circunstancias de los hechos. También ha sido la fuente de inspiración para algunas obras cinematográficas; en el terreno literario, esta novela de Jack Ketchum consigue condensar todo el horror y la degeneración que pueden atribuírsele al ser humano cuando es capaz de lo peor. Lo peor de esta historia no consiste en que una persona, claramente trastornada, la emprenda con una pobre chica inocente: lo más terrible es el efecto dominó que provoca, mostrando la crueldad de las personas dejándose llevar por el espíritu de grupo. Un relato sórdido que no escatima en detallar con pelos y señales el infierno que vivió su protagonista; si eres capaz de enfrentarte a este libro, prepárate para hacerlo con un nudo en el estómago.

Déjame entrar, John Ajvide Lindqvist

Otra novela que ganó celebridad por su adaptación cinematográfica, pero que si eres fan del género no debes perderte. La historia de Eli y Oskar, dos niños perdidos en un mundo que no es para ellos consigue una difícil mezcla: conmover en medio del horror que se desata. Una novela de terror elegante dentro de la sordidez de algunas de sus escenas, que no escatiman en detallar algunos de los hechos más cruentos pero que tampoco olvida a sus personajes y las situaciones a las que se enfrentan, sin duda los aspectos de más valor en esta novela que se quedará en tu mente si la lees. Del mismo autor, también es muy recomendable Descansa en paz, un relato que propone una difícil realidad: ¿qué sucedería si los muertos despertaran… y su único interés fuera regresar a casa?

Otra vuelta de tuerca, Henry James

Y entre los clásicos del género no podía faltar una de fantasmas. Y qué fantasmas, además: Henry James logró, efectivamente, dar esa vuelta de tuerca que hacía que su novela victoriana sobre una institutriz en una casa tenebrosa se convirtiera en uno de los libros más reverenciados del género. A medida que transcurren los capítulos vamos leyendo los recuerdos de la protagonista, encargada del cuidado de los niños de una casa en la que empiezan a suceder hechos muy extraños… ¿o está todo en su mente? Precisamente, la ambigüedad que obtenemos al leer el relato en primera persona nos hace dudar de todos y cada uno de los hechos que se describen, aportando una capa más de interés a un relato ya de por si escalofriante. Hay que tener un poco de paciencia con su tipo de prosa (a veces poco fluida, a veces salpicada de divagaciones) pero el resultado merece la pena.

Apartamento 16, Adam Nevill

Muy a menudo, las casas se convierten en un elemento esencial para causar pavor en las novelas de terror. Algo así sucede con Barrington House, un edificio que contiene un apartamento vacío… y que lleva así durante cincuenta años. Y por una buena razón, además. Lo descubre el pobre vigilante de nocturno que, tras escuchar unos ruidos, decide entrar. Y también lo descubre Apryl, una joven que recibe una herencia terrorífica. Muertes en extrañas circunstancias, sucesos estremecedores y toda una historia lista para ser descubierta. Si te atreves, claro está.

Los Caminantes, Carlos Sisí

Y para terminar, una recomendación moderna… y de zombies. Uno de los terrores más en boga de la actualidad, a menudo plagado de metáforas sobre la propia sociedad que se “devora” a si misma a través del consumismo y del aislamiento digital. Sea como sea, una buena historia de zombies siempre es interesante de leer, y la propuesta de Carlos Sisí nos aproxima a una sociedad en la cual los comedores de cerebros se han hecho con la civilización. Tan sólo hay esperanza en un grupo de supervivientes que lucharán por seguir con vida en un entorno tan sumamente hostil y despiadado. Una saga que ya va por su quinta entrega y que siempre deja a los lectores con ganas de más.

Cómo hacer el borrador de una historia a partir de una idea

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El proceso creativo que conlleva escribir una historia puede volverte loco si no sabes cómo estructurarlo. Para que puedas entender mejor esta fase y qué sistema debes seguir, voy a comparar el desarrollo de una historia, desde el surgimiento de la idea hasta el acabado final, con la elaboración de una escultura.

Al principio de todo del proceso lo primero que tienes es una piedra enorme y amorfa. No representa nada. Lo único que tienes es la intención de convertirla en algo que está en tu cabeza. Y ahí es donde entra en juego la idea. Esa idea es lo que te hará visualizar ese gran bloque de mármol como una maravillosa escultura de Apolo. El bloque sigue siendo una piedra, pero en tu mente ya es algo más.

El primer paso será dibujar en un papel la forma resultante que quieres obtener. Un boceto, pero que indique claramente la forma total y detallada que buscas obtener. Esto equivale al borrador de una novela. Por lo general, tener el borrador terminado y detallado, con todos los hilos argumentales conectados y la trama cerrada es, con diferencia, la parte más difícil de todas. El resto consiste en plasmarlo en el papel de la mejor forma posible. Pero el auténtico trabajo está al principio, cuando la obra no es más que una maraña de conceptos desordenados en tu cabeza. Poner en orden esas ideas y crear una buena historia es francamente difícil, pero con paciencia, esfuerzo y constancia conseguirás construir tu historia. Con esas tres virtudes transformarás el bloque de mármol en la escultura que retienes en tu cabeza.

Vale, tienes en tu cabeza a algunos personajes, sus momentos más emotivos y conflictos más determinantes. También visualizas cuáles van a ser tus partes favoritas y aquellas que conformarán el clímax de la historia. Todo es un batiburrillo de ideas y conceptos en tu cabeza. Y necesitas ordenarlos antes de empezar a picar sobre la piedra. Es decir, antes de ponerte a escribir.

En esta fase del proceso creativo es donde entra en juego la escaleta.

Qué es y cómo se hace una escaleta

Esta herramienta se puede elaborar de muchas formas, desde haciendo un mapa mental hasta ordenando cuidadosamente cada uno de los elementos de la historia mediante tablas y esquemas. El modelo más estandarizado es el cinematográfico, pues la escaleta es un recurso imprescindible para cualquier guionista y todo guión que se precie ha pasado antes por una. En cine, existen dos tipos de escaletas: la técnica y la narrativa. La primera atañe a los detalles técnicos de realización, mientras que la segunda es la que incumbe directamente a la trama. Esta última es la que nos interesa a nosotros como escritores.

Las escaletas se desarrollan por escenas y su aspecto aproximado es tal que así:

Escena: Aquí se indica el número que corresponde a esta escena.
Fecha:  El momento en el que se sitúa dentro de la historia.
Ubicación: El lugar en el que transcurre la acción.
Personajes: Aquí se indican todos los personajes que aparecen en la escena.
Acción: Lo que ocurre en la escena.
Objetivo: Lo que quieres contarle al lector con esta escena, qué información se destapa y cuál permanece oculta.

Escena: 23
Fecha: 5 de Abril de 1920.
Ubicación: Una pequeña cafetería parisina.
Personajes: Jean y Clarise.
Acción: Los protagonistas discuten sobre el paradero de la obra robada en el museo la pasada noche. Llegan a la conclusión de que uno de los testigos miente, pues nada explica cómo un lienzo tan grande y pesado pudo desaparecer así como así. Deciden sospechar de todos los testigos e investigar en torno a ellos.
Objetivo: El punto de interés cambia, ahora se centra en investigar a los testigos y en la nueva estrategia de los protagonistas para conseguir pruebas.

Despacito y con buena letra

Hecha la escaleta, volvemos a la analogía de la escultura.

Si ya tienes el borrador con la visión clara de lo que quieres lograr, el siguiente paso es crear una forma muy general del proyecto sobre la piedra. Primero imaginas la postura y te dedicas a quitar los grandes trozos que te estorban, hasta que se pueda insinuar ligeramente la forma. No obstante sigue siendo una piedra, un poco más cerca de lo que pretende ser, pero lejos de serlo. Esto equivale al proceso de centralizar los puntos importantes y omitir la información irrelevante. Deberás sacrificar mucha información para construir tu historia, pero no olvides que esa información ha sido necesaria para la construcción de la misma. Todas las grandes historias cuentan con una ingente cantidad de información que no aparece en la historia en sí, pero que existe y es necesaria. Véase la teoría del Iceberg de Ernest Hemingway.

Pero hey, no confundas un borrador con un manuscrito. El borrador está sujeto a cambios y solo es un esbozo de lo que vas a contar. No desarrolles nada más allá de lo necesario. Ten en cuenta que, una vez terminada la primera versión de tu manuscrito, vas a cambiar muchas cosas; añadirás y quitarás personajes, eliminarás escenas o capítulos enteros y los reemplazarás por otros con los que no contabas, reescribirás partes enteras porque algo no encaja, etc.

Después viene la parte que pone a prueba nuestra paciencia: el trabajo en sí, esculpir la estatua. Aquí es cuando dependes de tu esfuerzo y tu constancia, virtudes que deberás curtir si quieres que todo salga como esperabas. Debes trabajar poco a poco, organizando el trabajo como mejor te resulte, empezando por las manos y terminando por la cabeza, o empezando por la cabeza y terminando por los pies. No hay un patrón preestablecido, ni en la escultura, ni a la hora de escribir. Lo normal es empezar por el principio y acabar por el final, pero infinidad de autores lo hacen al revés. O simplemente escriben la parte que les apetece según el día. Lo importante es que al terminar el trabajo todo esté perfectamente conectado, sin fisuras.

Como paso final queda pulir los detalles. Esos pequeños e insignificantes aspectos que ni siquiera están recogidos en el borrador, pero que dotan a la figura de vida propia. En una novela será definir las manías más irrelevantes de los personajes, ahondar en sus emociones más íntimas y pulir todos y cada uno de los detalles de cada escenario. Deberás leer y releer tu novela mil veces, para ir quitando y añadiendo detalles, incluso cambiando las partes que no te gusten, o suprimiéndolas completamente.

Esta metáfora pretende que te hagas una ligera idea del proceso que debes seguir, pero de un modo muy generalizado. Sigas el método que sigas a la hora de escribir una novela, la última palabra la tienes tú. Lo único que no permite licencias en la escritura es la planificación. Sin planificación no hay historia que valga.

Lo que pudo ser y no fue: El Emperador y sus Locuras

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El Emperador y sus Locuras (The Emperor’s New Groove) probablemente sea la película más estrafalaria y desternillante de Disney. Es absurda, frenética, dinámica y caótica, nada que ver con el tipo de películas de animación a las que el estudio nos tiene acostumbrados. Sin embargo, no se parece en nada a lo en un principio iba a ser. En su idea original, El Emperador y sus Locuras había sido planteado como un musical al más puro estilo La Sirenita (The Little Mermaid) y fue descrita como «una comedia romántica musical al más puro estilo Disney». Incluso el cantante Sting escribió ocho canciones originales para la película, que iban a ser cantadas por los propios personajes. Tristemente, ninguna de ellas se incluyó tras los drásticos cambios que sufrió el film.

Fue una decisión radical que puso patas arriba al estudio, ya que normalmente no se hacen cambios tan tajantes a una altura tan avanzada del proyecto. Incluso ya tenían el diseño de todos los personajes principales y sus respectivos actores de doblaje. Se habían invertido cantidades ingentes de dinero en la producción y un cuarto de la película ya estaba hecha.

¿Qué hizo a Disney cambiar de idea?

Todo el equipo estaba muy contento e ilusionado con la película. Fue titulada como El Reino del Sol (Kingdom of the Sun) y aunque compartía algunos elementos con la versión que tenemos hoy, la esencia era tan diferente que podría pasar perfectamente como una película completamente distinta, aunque ambientada en el mismo lugar.

En un principio, nada parecía apuntar a que la película fuese a ser mala en ningún aspecto. El equipo que la respaldaba trabajaba con todo su cariño y esmero y el proyecto avanzaba a pasos agigantados. Pero después del bajo rendimiento que obtuvo Pocahontas y El Jorobado de Notre Dame, recientemente estrenadas, Disney decidió cambiar de estrategia y optaron por algo más divertido y desbocado. Temían que la gente interpretase aquella película como la típica peli de Disney llena de canciones forzadas y con una subtrama demasiado madura para los niños, algo que no les había funcionado en sus dos últimos estrenos.

La película que no viste

Voy a asumir que has visto El Emperador y sus Locuras y, a partir de ahí, te contaré la película que Disney no quiso que vieses.

La historia se centraba en Pacha, quien iba a ser un hermano gemelo del emperador Kuzco (que en dicha versión se llamaba Manco). Pacha mantenía su oficio de un humilde cuidador de llamas, al igual que Manco era el ególatra y presumido emperador. Cuando se conocen, de casualidad, deciden intercambiar sus roles por un tiempo, por mera diversión y para ver el mundo desde una perspectiva totalmente opuesta.

Por otro lado está Nina, la prometida del emperador, obligada a casarse por cuestiones políticas. Nina no soportaba el egoísmo y orgullo de Manco y la relación de ambos era tensa y forzosa, hasta que conoce a Pacha. Ignorando que se trataba de un gemelo, Nina se sorprende al ver que el emperador había cambiado de la noche a la mañana, ahora es dulce, cariñoso y amable. Nina y Pacha se enamoran (Sting incluso escribió una canción sobre su romance).

Por desgracia, Nina quedó completamente eliminada de la versión final de la película. Nos quedamos sin una princesa Disney muy valiosa. Y es que, según sus creadores, rompía con el prototipo de princesa. Era una chica peleona, de ideas claras, con mucho carácter y que percibía el amor de una forma menos «de cuento de hadas». Pero al perderse el género romántico de la película, la historia de amor sobraba. Y el rol de Nina como prometida del emperador era prescindible.

En otro frente de la historia estaba Yzma. En esta versión, Yzma era una bruja que buscaba desesperadamente la forma de volver a ser joven. Ella culpaba al Sol de haberle arrebatado la juventud y quería apagarlo usando la magia. Cuando encuentra al emperador y descubre lo que Pacha y él se traen entre manos, Yzma le amenaza con contar su secreto si él no la ayuda (Manco es algo así como la «encarnación» del Sol). Manco se niega y ella lo maldice, convirtiéndolo en llama.

Hucua era un pequeño amuleto mágico viviente que pertenecía a Manco. Sin embargo, Hucua se cansa de la actitud del emperador y se pone del lado de Yzma, ayudándola a derrocar a Manco. Este iba a ser el secuaz de la villana, pero sin los toques humorísticos tan entrañables de Kronk. Al menos en esto fue todo un acierto reemplazar a Hucua por Kronk.

Más problemas con la nueva versión

Incluso cuando El Reino del Sol se convirtió en El Emperador y sus Locuras y la nueva película ya estaba en producción, surgieron más inconvenientes. Algunas escenas tuvieron que ser parcialmente recortadas y otras incluso eliminadas por completo. Una de ellas en concreto fue la más sonada, ya que estaba prácticamente terminada en su totalidad cuando Disney decidió eliminarla.

Se trata de la escena en la que Kuzco enseña a Pacha la maqueta de su pueblo. Entonces le pregunta qué lado de la colina es más soleado. Es aquí donde Kuzco revela su plan de construir Kuzcotopía (una casa de verano con parque acuático incluido), justo donde ahora está el poblado de Pacha. Todo el asentamiento sería destruido y los aldeanos expulsados de allí a la fuerza.

En esta parte, Pacha tenía una «visión» donde imaginaba la escena en su cabeza. Como he dicho, ésta escena llegó a hacerse prácticamente en su totalidad y en ella aparecía Pacha dentro de la maqueta, mientras un grupo de soldados del emperador llegaban al pueblo y empezaban a arrasarlo y quemarlo todo. Entre la maqueta a tamaño real aparecían aldeanos de cartón que los guardias, de carne y hueso, trozeaban con sus hachas sin piedad.

Esta escena tan dramática chocaba abruptamente con la esencia real del film, así que decidió suprimirse. Supongo que Disney nos ahorró un trauma a todos los que vimos la película de pequeños.

Pero la polémica no acabó ahí.

En el proyecto original, al final Kuzco construía Kuzcotopía. No en el pueblo de Pacha, pero sí al lado, después de talar un buen trozo de selva. Esto daba un mensaje terrible respecto a la deforestación que azotaba (y azota) el Amazonas y otras zonas troplicales. La destrucción de un ecosistema para construir un resort de lujo para satisfacer los caprichos del emperador, no era algo que la gente quisiese ver. Muchas opiniones saltaron en defensa del medioambiente, aunque fuese sola una película. Finalmente, Kuzcotopía no se construyó. En su lugar, tenemos lo que ahora se ve en la película: Kuzco disfruta de los lagos y ríos de la selva como si fuese su propio parque. Y deja tras de sí un mensaje verde: El mejor lugar para disfrutar y divertirse, es la naturaleza en compañía de buenos amigos. Fue todo un acierto rectificar a tiempo, porque me habrían jodido la película entera con ese otro desenlace.

Como conclusión final, decir que me duele que prescindieran de personajes con tanto carisma y potencial como Nina y la idea de los gemelos era bastante divertida. Francamente, no creo que hubiese sido un fracaso como Disney esperaba, siempre y cuando hubiesen sabido plasmar la cultura inca más allá de lo meramente estético. Pero tampoco me molesta que cambiasen de opinión. El Emperador y sus Locuras es una gran película y con la que más me he reído. No hay que ver esto como una desgracia, porque si hubiesemos visto la película que nunca se hizo, no habríamos visto la que tenemos ahora.

Si te gustan este tipo de artículos sobre «lo que pudo ser y no fue de Disney», dejamelo en los comentarios y traeré más. Hay un montón de películas que sufrieron cambios drásticos durante su desarrollo y son historias dignas de enmarcar en un post.

Cosas que haces mal cuando escribes fantasía

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El género fantástico, a grandes rasgos, es un género artístico que se caracteriza por la presencia de elementos que rompen con toda lógica y realidad preestablecida. Y como género que es, está presente en la literatura, cinematografía, videojuegos, cómics, juegos de rol… ¡Incluso en la mitología antigua! Se podría decir, de hecho, que es el género más antiguo y, por qué no decirlo, uno de los más populares. Pero cuando algo se hace tan popular, se explota en todos los formatos posibles. Entonces, es inevitable que alguna que otra historia salga mal. Muy mal.

Estos defectos habitualmente presentes en el género fantástico, hacen referencia más bien a mundos que abogan por el realismo dentro de la propia fantasía. Universos que nos muestran un mundo lleno de imposibles, pero sin perder ese cariz tan real y cercano. Es en este terreno cuando el riesgo es mayor y, muchas veces, metemos la pata cuando nos pasamos de literales. Estos son algunos de los errores más comunes que se cometen al escribir fantasía.

No sabes enfocar la inmortalidad en un personaje

Me sorprende la cantidad de novelas, películas y series de gran éxito que cometen este error. Un fallo que delata falta de interés y desconocimiento sobre la construcción de personajes. Por no decir que todo gira en base a un tópico infantil y que únicamente desarrollan mal aquellos autores que no tienen imaginación suficiente como para ver más allá de lo evidente. Me refiero a esos personajes inmortales, con miles de años de edad, que son más tontos que una piedra.

«Tengo más de quinientos años, pero el argumento de este preadolescente es muy convincente.»

Imaginad al villano vampiro que tiene 1.666 años y ha estado presente en los grandes acontecimientos históricos, ha conocido personalmente a muchas de las grandes figuras que cambiaron el curso de la humanidad y ha leído bibliotecas enteras en su inabarcable existencia. Imaginad la mente de una criatura así… Pues bueno, no será muy inteligente cuando el héroe de 17 años encuentra la forma de clavarle una estaca en el corazón. ¿En 1.666 años no se le ha ocurrido la idea de ponerse una coraza? ¿Quizá cerrar la puerta de la cripta con llave antes de dormir? ¿Por qué iba a enfrentarse directamente al héroe que porta la única espada capaz de matarle?

Es exasperante encontrarse a este tipo de personajes. Y luego están aquellos personajes que tienen años de más, pero como si no. Como cierto “vampiro” de 115 años cuya única motivación en la vida es echarse novia. No es que sea un personaje bidimensional, es que su propia existencia es inconsecuente. Una persona de esa edad, con sus capacidades mentales intactas (como se suele representar en la mayoría de casos), tendría aspiraciones de leyenda y sus ambiciones solo podrían equipararse con el hecho de ser inmortal. Como suele decirse: “Más sabe el Diablo por viejo que por Diablo.“ Y por eso conviene tener este refrán muy presente cuando confeccionamos personajes tan longevos. No tienen que ser necesariamente vampiros, pueden ser elfos, Nicolas Flamel o un cyborg del hiperespacio (sí, la ciencia ficción también sufre de inmortalitis estupidis). Sea cual sea tu inmortal, haz que sea consecuente con su edad.

Todo lo que no tiene sentido lo hizo un mago

En todo mundo de fantasía que se precie hay una buena dosis de magia. Pero este hecho no es incompatible con la coherencia interna ni con el trasfondo del universo. Incluso en mundos tan absurdos como el Mundodisco de Terry Prattchet, donde el mundo es plano y lo soportan cuatro elefantes sobre una tortuga, incluso ahí la magia tiene coherencia. Es absurda, impredecible y, a veces, incluso cómica. Pero siempre es realista y coherente con las leyes físicas de ese mundo.

No puedes pretender diseñar un mundo donde toda la gente viaja a caballo, pero los magos y alquimistas pueden teletransportarse con la misma facilidad con la que fríen un huevo. Lo peor es cuando en una escena el mago sale de su casa, coge un caballo y va al mercado de la villa. Y en otra escena se teletransporta y va al país vecino a avisar al rey de una amenaza inminente. Un portento así se explotaría y se comercializaría. Es como si en nuestro mundo algunos viajasemos en burro y otros en ferrari.

Si tu mundo tiene magia, debes justificar por qué esa capacidad es exclusiva de ciertas personas. Y, más importante aún, por qué el mundo no se está beneficiando de ella a niveles industriales ¿o quizá sí lo está haciendo? Un ejemplo maravilloso es el mundo de Terramar, de Ursula K. LeGuin o la Crónica del asesino de reyes, de Patrick Rothfuss. En ambos universos existe la magia, pero su implicación en el mundo y el uso de la misma está regulado de un modo soberbio por los autores.

La gente-pájaro que vino de los árboles

En algunos mundos de fantasía, Darwin se habría suicidado. Mundos donde una raza de hombres-perro convive con los elfos. Mundos donde osos parlantes, trolls gigantes y gnomos se van de picnic al bosque los domingos. Mundos donde una raza de hombres-pájaro, hombres-lagarto, hadas, vampiros y duendes, viven en armonía y van juntos de compras al mercado. Incoherencias evolutivas de aúpa, que miren como se miren son un completo despropósito creativo.

Esto, en un juego de rol como Dungeons & Dragons es permisible. Porque la esencia misma del propio juego es eso: explotar la imaginación y buscar la diversidad entre los personajes. No importa que sea incoherente que en un grupo de cinco personas, todos sean de especies distintas. Pero una novela no es un juego de rol. El objetivo y el propósito de la misma es muy distinto.

Una raza inteligente, como nosotros lo entendemos, no es lo mismo que una raza de fantasía. Una persona asiática y una caucásica son de razas distintas, pero si hablamos de elfos, orcos, duendes, gnomos, hadas… estamos hablando de especies. Es común referirse a ellos como razas, del mismo modo que es común hablar de etnias cuando hablamos nosotros de razas. En cualquier caso, una raza de fantasía no tiene nada que ver, pero ni de lejos, con nuestro concepto de raza.

Nosotros, como seres humanos, derivamos todos de la misma línea evolutiva, da igual el color de tu piel o tus rasgos. Somos de la misma especie. Ahora, un ogro y un enano (refiriéndome al típico que todos conocemos), tienen en común lo mismo que la especie humana y las palomas: basicamente nada. Y ahí reside el problema de muchos autores que, ignorando esto, se piensan que un humano y un gigante de hielo son primos lejanos. Esto ocasiona resultados tan absurdos como continentes del tamaño de Australia con más de cincuenta razas dominantes distintas.

En El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien, cada raza tiene su propia linea evolutiva o tiene un origen mágico bien resuelto. Los orcos, por ejemplo, son una perversión mágica de los elfos, de ahí que tengan rasgos comunes (como las orejas puntiagudas). Los enanos tienen más cercanía con los humanos de la que querrían admitir. Y los hobbits cuentan con su propio linaje y curso evolutivo. Todas las razas de la Tierra Media tienen un propósito y son el resultado de un elaborado y premeditado trasfondo.

Si quieres que en tu mundo de fantasía existan razas originales, empieza por el principio y pregúntate: ¿cómo ha llegado esta especie hasta aquí?

Quizá, en los albores del mundo, el primer homo erectus tomó dos rumbos evolutivos tras una era glacial. Uno de ellos desarrolló características anfibias para sobrevivir en un ambiente pantanoso, mientras el otro se amoldó a un páramo helado y desarrollaron un denso pelaje. Un millón de años después, el resultado es una raza de hombres-jeti y una raza de hombres-anfíbio. Darwin approves.

Lo que no puedes pretender es que dos o más especies dominantes y totalmente diferentes hayan convivido en un mismo territorio como si nada. Deja tiempo para que la evolución haga su trabajo. Unos cuantos miles de millones de años es lo mínimo que necesita una especie para llegar a formar una civilización propia. Llamar “raza antigua” a un puñado de hombres-gato porque aparecieron hace doscientos años y bajaron de los árboles, es tan ridículo como pensar que América la colonizaron unos hombres-pez que salieron del mar.

No incluyas razas en tu mundo sin pensar en el factor evolutivo. No lo hagas. En serio, no. Los mundos de fantasía no son cónclaves intergalácticos donde conviven especies alinígenas en perfecto equilibrio. Eso no es una novela de fantasía, es un episodio de Rick y Morty.

Crees que todos hablan una lengua universal

Solo hay algo peor que una novela donde razas fantásticas desubicadas se relacionan entre sí: que todas hablen el mismo idioma. ¿Suena absurdo, verdad? El hombre-lagarto hablando perfecto latín, el kobold políglota, o esa especie de seres pulpo que no tienen boca pero pueden hacer un trabalenguas de corrido en inglés. Aunque no lo creas, esto es verídico, leído de una novela real. Sí, de esas que hay en las estanterías y se venden.

«Me saqué el B1 de orco en la academia de mi pueblo.»

Retomando aquello de «no es lo mismo la raza que la especie», con el lenguaje ocurre lo mismo. No solo sería diferente el acento, sino que el propio uso de la lengua o del lenguaje sería distinto. Una especie de aves evolucionadas e inteligentes no podría pronunciar palabras humanas, y viceversa. Un hombre-cocodrilo con una boca atestada de dientes tampoco podría tener un léxico idéntico al nuestro. No es como en las películas de Disney, donde los animales abren la boca y se ponen a hablar así sin más. No funciona así.

Cada especie diseñaría su propio sistema de comunicación, en base a su propia fisionomía y naturaleza: una especie de hombres-pájaro podría comunicarse mediante un código que mezclase sonidos, gestos y la exhibición de su plumaje; una especie anfibia diseñaría un lenguaje que pudiese llevarse a cabo bajo agua; mientras que seres carentes de sistema vocal y auditivo se buscarían vías de comunicación alternativas que no tuviesen nada que ver con el sonido.

Dicho todo esto, ahora entenderás por qué me resulta tan raro ver a un tritón hablar perfecto castellano. Señor escritor incoherente: ¡Viven debajo del agua, cómo narices van a hablar nuestro idioma!

En la Edad Media no existían dentistas ni esteticistas

La mayoría de novelas de fantasía se desarrollan en un mundo arcaico, generalmente medieval. Aunque esto no es una característica exclusiva del género fantástico, sí que es una característica habitual. Sin embargo, muchos autores (incluidos, de renombre), parecen no tener en cuenta las condiciones en las que se vivía en pleno medievo. Es como si usásemos únicamente aquellos aspectos positivos del mundo y obviásemos los negativos.

La higiene en la Edad Media era algo anecdótico. Incluso entre la nobleza era habitual eso de no bañarse. No eran pocas las personas que tomaban uno o dos baños al año, y se quedaban tan panchos. Las hermosas doncellas de la corte solían colocarse trampas para los piojos y chinches en sus recargados peinados, para evitar que les picase la cabeza.

No existían los dentistas. Lo más parecido a un dentista era un señor que te arrancaba una muela y te aplastaba la caries con un hierro fundido. Las bocas de la gente eran un auténtico desbarajuste. No había nadie que conservase intactos todos los dientes.

En resumen: en la Edad Media, lo habitual era encontrar a gente sucia, con piojos y otros parásitos, mellados, de corta estatura, con calvas en la cabeza, con la piel maltratada… Entonces, ¿de dónde sale ese reparto de Adonis y Afroditas de muchas historias fantásticas ambientadas en el medievo? Cabe destacar al clásico héroe, de cabello rubio recién lavado con el mejor champú y acondicionador del reino, y una dentadura que ciega al reflejar los rayos del Sol. Y cómo olvidar a la hermosa campesina, hija del molinero, que se ha gastado el impuesto del trigo en una clínica de depilación y en unos implantes dentales.

Vale, entiendo que a nadie le gusta que sus héroes y heroínas sean feos, mellados y calvos. Es comprensible querer resaltar los aspectos más positivos del héroe y disimular los negativos. ¿Pero es necesario que todo el mundo sea tan apuesto y perfumado?

Armas y armaduras de gomaespuma

Topicazo de fantasía y raro es el formato donde no se presenta: las armas y armaduras parecen estar hechas de 100% algodón. En la Edad Media, un caballero con armadura completa necesitaba una grúa (sí, una grúa, literalmente) para subirse a su caballo. Sin embargo, en fantasía (o en alguna que otra novela hisórica mal documentada), el personaje con armadura se sube a su caballo de un bote, recorre el campo de batalla con espada bastarda en mano y corta cabezas con gran soltura, como el que sale en chanclas a podar el seto. Seamos realistas: por muy entrenado y curtido que estuviese, ningún caballero medieval era capaz de esgrimar holgadamente una espada bastarda con una sola mano mientras iba embutido en acero y a caballo.

Como autor, no ignores el peso de armas y armaduras. Recuerda de qué material eran forjadas y el esfuerzo que supone el simple hecho de levantarlas.

Recapitulando, si quieres que tu novela de fantasía sea un desastre total, haz lo siguiente: el villano es mitad vampiro y mitad hombre-pez, y también es inmortal. Pero el héroe, un elfo, con la ayuda de su mejor amigo, el hombre-conejo, logran derrotarlo gracias a la espada mágica que solo mata a aquellos que son mitad vampiro y mitad hombre-pez. Victorioso, el héroe se casa con la princesa del reino, humana y supermodelo. Al cabo de nueve meses tienen hijos semielfos y todos son felices y comen hombres-perdices.

Cómo crear personajes originales y no morir en el intento

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Hacía tiempo que quería abordar este tema: Cómo crear personajes originales. El objetivo de la asignatura es bastante evidente, ¿no? Se trata de conseguir que los personajes de tu novela (especialmente los principales) sean memorables, destaquen y llamen la atención del lector por su originalidad y su marcada personalidad. ¿Existe algún método o directrices para conseguirlo? Vamos a ello.

Pero antes de entrar en materia, es imperativo visualizar el propósito de nuestro personaje. No podemos pretender construir una identidad a partir de aspectos físicos. Las apariencias siempre engañan y nunca son definitorias a la hora de penetrar en el alma de un individuo. Con los personajes ocurre exáctamente lo mismo. No son tan simples como para mostrarse tal y como son en un primer vistazo, tampoco existe profesión capaz de definir completamente la identidad de alguien, ni existe un propósito vital lo suficientemente fuerte como para que toda la esencia de un ser esté constituida por su resolución. Esto último es tan absurdo como el villano que se llama Inferno Von Pesadilla. No es muy lógico que unos padres llamen a su hijo «Inferno» y el niño firme la casita de macarrones del colegio con Inferno Von Pesadilla. Aún así no son pocos los villanos cuyo nombre y motivación de nacimiento ya va enfocada a destruir o dominar el mundo. Al igual que el héroe de turno, predetistando a salvar el mundo, cuya única razón existencial es vivir y morir por los demás. No, las cosas no funcionan así. La gente cambia con el tiempo y los personajes también. Un buen personaje necesita una razón de ser en base a experiencias vitales y a una marcada personalidad, pero nunca al contrario

Para ello, lo primero que necesitamos discernir es la función que desempeñará el personaje en la historia como elemento narrativo. A partir de ahí, le forjaremos una personalidad que vaya encaminada a un propósito.

La función del personaje

El arma de Chejov lo expresa bien claro: no metas en una historia elementos, y mucho menos personajes, que no cumplan una función relevante en la misma. Esto no quiere decir que hasta el panadero deba tener un trasfondo espectacular y heróico, sino que su aparición ha de tener un significado, más o menos relevante, dentro de la trama general. Por ello, todo personaje que existe en una novela tiene un cometido dentro de la misma. Y para conducir al lector hacia pistas falsas está el Red Herring.

Hazte esta pregunta: ¿Para qué necesito a éste personaje en la historia?

Si la respuesta es: me apetece que en mi novela haya un personaje con el pelo azul. ¡Mal! No puedes reducir la existencia de un personaje al color de su pelo. Si quieres tener un personaje con el pelo azul, otorgale este rasgo a uno de los que ya tienes y que realmente ocupan un papel necesario en la acción.

Tu respuesta tiene que ir enfocada a los conflictos y acontecimientos que tienen lugar en la historia. Por ejemplo: Tu novela va de crímenes, es una novela policiaca, el protagonsita es un detective brillante que nunca ha fallado a la hora de encontrar al asesino. Para que el detective haga su trabajo necesitas, como mínimo, un asesino y una víctima. Ya son dos papeles libres para asignar a nuevos personajes. A partir de aquí podrás incluir aspectos originales que aporten personalidad a los distintos personajes de la historia, pero deberás mantener siempre su función intacta.

La clave de la originalidad: De Silver a Luffy

Vale, supongamos que ya entiendes la función que debe ocupar tu personaje en la historia. Pero si pretendes que su construcción no sea arquetípica y sosa, necesitarás aderezar al personaje con elementos que sean originales y le den ese toque especial que necesita. Por poner un ejemplo: Tengo un personaje que es un pirata. Tiene una pata de palo, un garfio, un parche en el ojo, un sombrero de tres picos, una espesa barba y hasta un loro parlanchín en el hombro. Es rudo, temerario, ambicioso y avaricioso.

¿Es original este personaje? Obviamente no.

Si digo «pirata», automáticamente es esta la descripción que a todos se nos viene a la cabeza. Puede tener cualquiera de estas características, sí, pero solamente aquello que sea imprescindible. No existe una Universidad de Piratería donde entre los requisitos para recibir el título de pirata son perder un ojo y una pierna, y que tu mascota sea un loro. No añadas detalles que no enriquezcan al personaje, solo por el mero hecho de que son clichés.

Lo que realmente importa del personaje es su identidad, no su profesión. Y aunque todos los oficios están plagados de clichés, no por ello nuestro personaje va a ser uno de ellos. Ni siquiera necesita tener rasgos característicos de su profesión para ser considerado como tal. ¿Quieres un buen ejemplo? Luffy D. Monkey, de la archiconocida obra de Eiichiro Oda, One Piece. Luffy es un pirata. De hecho, todo cuanto le envuelve gira en torno a la piratería. Pero el personaje no tiene ningún rasgo característico de pirata. Es un joven de pelo oscuro, con un sombrero de paja, chaleco rojo y pantalones playeros. Si lo descontextualizamos, nadie se imaginaría jamás que fuese un pirata. ¿Es por ello un mal pirata? No, es un gran personaje y también un gran pirata.

Pero tampoco hay que irse a un lado tan extremo como Luffy. Un pirata arquetípico también puede ser un gran personaje si usamos bien nuestras cartas. Y si no que se lo digan al pirata más famoso de la literatura juvenil: Long John Silver, de La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson. Él tiene una pata de palo, sombrero de tres picos, un loro en el hombro y una personalidad ruda y ambiciosa. Entonces surge la pregunta, ¿por qué, aún así, es un personaje único e irrepetible? Basta con desmontar el oficio de Silver y escamondar hasta el último atisbo de piratería. El resultado es un individuo con un corazón fuerte y una experiencia vital que le han empujado hasta un oficio que ni él mismo entiende del todo. En el fondo es un hombre honesto, justo y cariñoso a su manera. Unos rasgos que, en principio, parecen ser incompatibles con un pirata. Todo lo demás que arropa al personaje es un disfraz. La profesión de nuestros personajes es, siempre, un disfraz. Es la herramienta que usamos para crear primeras impresiones en el lector y en el resto de personajes al relacionarse entre ellos. Pero, más allá de la pata de palo y el loro, no hay nada determinante. Y es que hasta los personajes de ficción son superficiales y se dejan llevar por las apariencias.

La originalidad no depende de la profesión, ni del aspecto, ni de la mascota. Un bombero con bufanda y un mapache en el hombro no es más original que estridente. La excentricidad no es sinónimo de originalidad. Lo único que aporta chispa a un buen personaje reside en el cuidado con el que se ha forjado su identidadSi al bombero con bufanda lo acompañamos con un buen trasfondo y una excusa de peso que justifique porqué lleva bufanda dentro de un incendio, tendremos algo más que un mero personaje con un aspecto llamativo y singular.

Piensa en qué aspectos de su pasado pueden aportar originalidad a tu personaje. La originalidad no es algo meramente estético. Una personalidad pecualiar, un tic nervioso, una manía muy concreta o una aficción inusual son determinantes a la hora de discernir lo original que es un personaje respecto a otro. No te limites a un color de ojos o cabello atípico, o a complementos fuera de la moda. Tus personajes son mucho más que meros maniquíes.

Nada es nuevo

Pero oye, tampoco te vuelvas loco buscando un concepto que sea original y único en todos los aspectos. Todo personaje bebe de un arquetipo más o menos explotado. Es imposible crear algo de la nada. Todo, absolutamente todo, puede relacionarse de algún modo con algo o alguien que ya existe. Asimismo, no podrías crear un personaje pirata si nunca hubiesen existido los piratas. Y tampoco podrías crear un personaje que sea un hada si nunca han existido los cuentos de hadas. Difícilmente podrías imaginar algo así si tu mente no ha concebido la idea raíz que ha dado pie a todos estos conceptos literarios.

Y si aún con todo crees que tu personaje es 100% original y único, pérmiteme que te diga una cosa: Los Simpsons ya lo hicieron.

Cómo convertir tu novela en un somnífero en 5 pasos

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No sé vosotros, pero yo soy trasnochador y me cuesta mucho coger el sueño. Por eso, a veces, desempolvo de la estantería alguno de esos libros tan aburridos y me pongo a leer. No falla, me quedo dormido del aburrimiento y me ahorro contar ovejitas. Si tú también quieres ayudar a tus semejantes a superar el insomnio con tu novela, sigue estos cinco pasos:

1. Las primeras páginas deben estar repletas de información para saturar al lector.

Nada más empezar a leer, el lector se encuentra con el nombre de varios personajes, ciudades y reinos. ¡Hasta se menciona el nombre de algunos ríos y montañas! También se especifica, mediante varias fechas, acontecimientos relevantes que tuvieron lugar en la trama. Y todo esto en menos de cinco páginas. Si el íncipit de tu novela empieza así, enhorabuena, has escrito un potente somnífero.

2. Nunca pasa nada interesante.

El principio ha sido duro, pero el lector se ha tomado tres cafés y ha llegado más allá. Pero la acción se retrasa y los acontecimientos importantes no hacen más que posponerse. El villano ha descubierto la auténtica identidad del superhéroe y le ha amenazado con acabar con sus seres queridos. Sin embargo, hace 100 páginas que no aparece. Por otro lado, ese gran ejército partió hace semanas para atacar el reino vecino, pero sigue sin llegar. Además, el héroe encontró una espada mágica hace cinco capítulos, pero todavía no la ha sacado del su funda. Si al menos ocurriese algo interesante mientras tanto, pero es que las descripciones aburridas o las escenas de los protagonistas viajando de aquí para allá, sin llegar a ningún sitio, no ayudan.

3. Párrafos enormes que se podrían resumir en dos frases.

La paciencia es una virtud, pero toda paciencia tiene un límite. Y si enfrentamos al lector contra un párrafo que ocupa media página, para decir que el personaje ha salido de su casa y está lloviendo, estamos rozando ese límite. Si cada pocas páginas nos encaramos con un párrafo así, la siesta está más que garantizada.

4. La historia, a rasgos generales, es aburrida o predecible.

Podemos perdonar que una historia tenga algún que otro cliché, pero que sea tan obvia y predecible que siempre sepamos lo que va a ocurrir a continuación, desmejora muchísimo la lectura. Los personajes son tan planos que basta una frase suya para intuir todas sus intenciones a corto y largo plazo. A eso le añadimos una escasa creatividad a la hora de desarrollar las escenas, para terminar siempre acordándonos de otra escena que se le parece mucho y que ya hemos visto en otro sitio. Es el llamado complejo del lector clarividente, que va acompañado de constantes bostezos.

5. El final es soso y la tortura no ha merecido la pena.

Algunas veces, y aunque no es justificable, un mal libro se arregla con un gran final. Del mismo modo que hay películas que son un absoluto despropósito, hasta que llega el final y nos quedamos con la boca abierta. No es una excusa; el libro es malo, pero un gran final amortigua el tormento de su lectura. Ahora bien, cuando la historia es aburrida y el final predecible o insustancial, ¿qué nos queda? Arrepentimiento. En este momento más te vale conservar el tique de compra del libro.

Sigue estos cinco sencillos pasos para conseguir que tu novela sea soporífera y conseguirás que todos tus lectores sientan la tentación de sustituir el libro por la almohada.

¡Nos vemos en los comentarios!

20 historias de terror contadas en dos frases (parte 2)

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20 historias de terror contadas en dos frases

(2ª parte)

Un año más, continúo esta línea de microrrelatos de terror. Este post es una continuación de 20 historias de terror contadas en dos frases (parte 1). Esta ocasión es especial, pues publico las historias que se expusieron el año pasado en la sección de comentarios del post previamente citado. Las he elegido al azar, porque todas me han resultado realmente magníficas y… aterradoras. Los derechos de cada historia pertenecen a sus respectivos autores, desde aquí les felicito y me quito el sombrero. Un aplauso para esos genios del terror.

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~1~

Hoy, en la mañana, desperté, pero algo se sentía diferente.

Y al mirar sobre mi cama mi cuerpo aún seguía ahí.

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~2~

Después del apocalipsis, el último hombre de la Tierra estaba en su habitación.

Alguien llamó a la puerta.

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~3~

Miré mi reflejo en el espejo antes de salir.

Cuando regresé, aún estaba ahí.

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~4~

¿Cuantas veces tengo que decirte que ya no te tengo miedo?

Y le disparé a la cabeza una vez más.

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~5~

No hay nada más bonito que escuchar la risa de un bebé.

A menos que sean las 3 de la mañana y no tengas ningún bebé.

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~6~

Todas las noches, mamá me acaricia, me besa y me consuela.

Todo seria perfecto si no estuviese muerta.

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~7~

Nunca me gustó esa vieja muñeca de porcelana.

No soporto que me mire de ese modo.

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~8~

Desperté de frío. Frente a mi cama veo a la anciana mecerse lentamente y con la mirada fija en mis ojos.

Nunca más he vuelto a poner un espejo en mi cuarto.

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~9~

He soñado que un hombre sin rostro me arrancaba la piel mientras dormía.

Eso explica la sangre en la cama.

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~10~

Estaba tumbado en el sofá, cuando de pronto un golpe en la pared me sobresaltó.

Aún debía esperar a que se secara el cemento para poder pintar.

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~11~

Ojalá me hubieras amado como yo te amé a ti.

Ahora me arrepiento de haberte matado.

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~12~

Me encantan los ojos azules, son preciosos.

Por eso los colecciono y guardo en este tarro de cristal.

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~13~

El funeral terminó a las seis y todos se fueron.

Empiezo a sentirme solo aquí abajo.

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~14~

Los médicos le dijeron que podía sentir con su miembro fantasma.

Pero nadie lo preparó cuando sintió dedos fríos sobre su brazo amputado.

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~15~

Tener tres perros es genial.

Pero me aterra cuando todos ladran al mismo rincón.

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~16~

Me he perdido en el bosque y ya ha anochecido.

Le preguntaré a aquel hombre alto y trajeado por la salida.

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~17~

Tranquilo, ya nadie podrá separarnos.

Dicho esto, enhebró la aguja.

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~18~

Mi padre fue a comprobar que no había monstruos en el armario.

De eso hace tres horas.

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~19~

En la tele hay un monstruo devorando a una persona.

Me estremezco al darme cuenta de que es una cámara de seguridad.

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~20~

Mili y yo jugamos con nuestras muñecas.

Cuanto más jugamos, más se ríen.

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 ***

Escribid en la sección de comentarios vuestras propias historias de terror en dos frases. ¡Estoy deseando leerlas!