Las novelas de ficción histórica forman parte de un género literario que combina personajes de ficción y tramas ficticias con personajes, escenarios y hechos históricos. En las novelas históricas, puedes seguir a una familia de campesinos en la Francia medieval o a un grupo de aristócratas durante la Revolución Industrial. Sin embargo, independientemente del enfoque narrativo, todas las novelas de ficción histórica comparten características comunes que sirven para distinguir el género. Aunque usualmente están densamente escritas, llenas de detalles y hechos históricos, las novelas históricas a menudo dan vida a un periodo histórico de una forma atractiva y memorable para el lector. Desde ahí, estas son sus otras características principales más reseñables:

El entorno histórico

La característica principal de este tipo de novelas es un entorno histórico realista. No tanto como en otros géneros, la ficción histórica se sostiene sobre una base objetiva y fiel a la realidad. Las novelas históricas se ubican en un período de tiempo generalmente de 20 años o más en el pasado, uno en el que el autor no ha vivido. Tras un exhaustivo trabajo de documentación, el escenario cobra vida mediante retratos detallados y concretos de la geografía, la cultura, la sociedad y las costumbres de ese escenario. Sarah Stone y Ron Nyren, en “Deepening Fiction“, escriben que “las descripciones de los detalles hacen que el escenario histórico cobre vida”. Esto es clave en cualquier novela histórica.

Una novela histórica puede o no referirse a personas y eventos reales del período de tiempo que describe y, a veces, también puede incorporar elementos de fantasía, aunque manteniendo siempre la base histórica. No hay que confundir este punto con una ucronía.

Personajes auténticos

Otra característica de las novelas de ficción histórica es el realismo de los personajes. Aunque los personajes principales suelen ser imaginarios, los personajes secundarios tienden a ser personajes históricos reales. Si bien los personajes principales pueden no jugar un papel central en la narrativa de la novela, por lo general son más importantes que los entornos y eventos que los rodean. Y se profundiza más en ellos que en los auténticos protagonistas históricos de ese momento, pues la auténtica acción narrativa recae sobre los personajes principales como las figuras literarias que son. Joyce G. Saricks, en “La guía para lectores del género de ficción“, explica que la ficción histórica orientada a los personajes “a menudo proporciona una descripción muy íntima del protagonista“. Los personajes históricos y reales, sin embargo, también tienen un cuidado deliberado por parte del escritor. El personaje debe representar con precisión las ideas, opiniones, comportamientos, valores y hábitos del período de tiempo elegido de la novela, ya sea real o ficticio.

El entendimiento cultural

Las novelas de ficción histórica, cuando se desarrollan efectivamente, también se caracterizan por la comprensión cultural. Al desarrollar una novela de ficción histórica, un escritor debe experimentar imaginativamente la vida desde la perspectiva de un personaje dentro del entorno de la novela. Un escritor también necesita usar con precisión la información objetiva, a fin de no tergiversar el período histórico. Stone y Nyren explican que “los forasteros de una cultura a menudo crean, sin darse cuenta, personajes cuyos valores e ideas básicas reflejan los de su propia cultura en lugar de los que corresponden a su cultura, lo que hace que el trabajo sea poco realista”. La comprensión cultural también abarca esa conciencia y sensibilidad a las demás culturas, así como una representación justa de todos los puntos de vista divergentes. La trama de una novela de ficción histórica puede no solo reflejar los problemas y preocupaciones del período elegido, sino que también puede explorar temas de otros ámbitos más atemporales, pero siempre desde la perspectiva sociocultural del periodo en el que transcurre la historia.

Antes de escribir una novela histórica…

Si estás decidido a embarcarte en esta cruzada literaria, estos consejos te ayudarán a sobrevivir en el largo viaje que te aguarda:

Documéntate fuera de Internet

La mayor ventaja de Google es también su mayor defecto: el acceso a cualquier tipo información habida y por haber. La premisa es que cualquiera puede subir contenido a Internet y decir lo que le venga en gana. Y por lo tanto, la información que puedes encontrar en la red es tan verdadera como falsa. Por este motivo, a la hora de planificar una novela histórcia, seguramente encuentres información más fiable en la biblioteca de tu pueblo que en Wikipedia. No exagero. Nuestra querida Wikipedia es tremendamente útil a la hora de cotejar datos superficiales o poco relevantes, sobre todo a la hora de documentarnos para una novela donde el rigor histórico no es lo más importante. Pero si estás trabajando en una novela histórica, ¡huye de ella! En cualquier universidad o biblioteca pública encontrarás la documentación que necesitas y también podrás constatar su veracidad con fuentes más fiables.

Aunque no hay que estigmatizar Internet entero, porque en él hay información tan útil y valiosa como la que puedes encontrar en una biblioteca (si es cierto que yo he llegado a encontrar en bibliotecas cosas que no estaban en Internet), pero hay que saber dónde buscar. En la red podrás encontrar información útil, sí, pero deberás acudir a fuentes oficiales relacionadas con el tema que estés tratando. Por ejemplo, si es una novela histórica que se desarrolla en Venecia en pleno Renacimiento, podrás encontrar lo que buscas en la web oficial del patrimonio histórico de la localidad o en la web de la propia Universidad de Venecia (eso sí, en italiano). Lo que nos lleva al siguiente punto.

No te limites a tu idioma

El español es maravilloso y es la segunda lengua más hablada del mundo, pero no todo el conocimiento está en español. Es más, si la ambientación histórica que buscas no tiene una base en España o en Latinoamérica, lo más lógico sería pensar que la información más fidedigna al respecto estará en su lengua de origen, ¿no? Si tu historia se ambienta en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, lo más adecuado sería que buscases información en francés. Y ahora me dirás: “pero es que mi novela está ambientada en Corea, ¿tengo que aprender coreano?” No, no hay que ser tan extremos… Siempre habrá información sobre el tema que buscas en tu idioma, pero por intentar ir un paso más allá y comprobar cómo se entiende la historia en otros países no pierdes nada.

Si sabes español e inglés, dudo que haya algo en el mundo que no se exprese en un idioma que entiendas. Y si hablamos de documentación histórica ten por seguro que, ya sea haciendo la búsqueda en inglés o en español, terminarás encontrando exactamente lo que estabas buscando.

Los detalles y el aprendizaje

Las novelas históricas gustan principalmente por un motivo: el lector disfruta sumergiéndose en ese periodo histórico porque aprende historia al mismo tiempo que vive una aventura. Si eres un fanático de la historia, o de un periodo en particular, es lógico pensar que disfrutarás como nadie de una novela ambientada en un paisaje histórico diferente al que te ha tocado vivir. Por otro lado, nadie quiere que le engañen o tergiversen su visión de algo que ya conoce o que quiere conocer lo mejor posible. Por eso los detalles y el rigor histórico son imprescindibles en este género. Como autor, no te estás dirigiendo a alguien que simplemente quiere escuchar una historia ficticia y entretenerse; tu discurso va dirigido a un lector hambriento de conocimiento veraz, histórico y preciso, sobre esa época que tú has elegido, y además quiere que el viaje sea entretenido. ¿Podrás hacerlo?

Estas son solo algunas indicaciones, las más básicas, que te ayudarán a dar tus primeros pasos en la construcción de una novela histórica sin morir en el intento. Es un género difícil, por no decir el que más, por todo el trabajo de documentación adicional que conlleva. Pero, una vez consigues sumergirte en la obra, ya seas lector o escritor, es de los géneros más divertidos, apasionantes y gratificantes.