Puedes tener el mejor argumento del mundo y los personajes más carismáticos y entrañables jamás creados, pero sin una buena ejecución, tu historia se quedará coja. El cómo cuentes tu historia es un factor fundamental, pues determinará la fuerza de tu libro para atrapar al lector. Es cierto que unos buenos personajes o algo interesante que contar es un aditivo en la lectura, pero de nada nos sirve si no sabemos cómo aprovecharlo adecuadamente.

No puedo convertirte en un maestro de la narración con un puñado de consejos y dos palmaditas en la espalda, nadie puede. Forma parte de ti querer mejorar cada día tanto tu expresión escrita como tu capacidad para contar historias. Lee a los mejores y aprende de ellos, es el mejor consejo que puedo darte. Pero oye, ya que estás aquí voy a adelantarte trabajo. Te facilitaré una serie de trucos que, aplicadas debidamente, mejorarán de manera notable tu capacidad narrativa.

1. Cuanto más rara es una historia, más creíble resulta

Suena extraño, pero es así. La singularidad da credibilidad. Si cuentas una historia donde abundan los clichés y la resolución de la mayoría de situaciones es demasiado evidente, corres el riesgo de aburrir y de volverte predecible. Aunque escribas sobre dragones y magos, si sabes cómo hacerlo, podrás lograr que lo imposible parezca totalmente factible. Ya sabes lo típico que suele decirse de los grandes escritores; “menuda imaginación tiene, ¿no? Parece mentira que todo eso haya salido de su cabeza”. Pues tal cual.

2. No abuses de los clichés lingüísticos

Cuando se habla de clichés lingüísticos, nos referimos a expresiones orales o escritas que se han repetido en exceso en la lengua castellana, hasta tal punto de haber generado una expresión en sí misma. El problema de esto radica en que, las palabras que componen dicha expresión, carecen de un valor semántico real, pues se utilizan por pura inercia. Recurrir a este tipo de clichés con demasiada frecuencia delata la ausencia de vocabulario. Y como consecuencia, usar estas muletillas porque sí, independientemente de si tienen o no cabida en el texto, denota una falta terrible de imaginación. Muchos de estos clichés, además de ser repetidos, tienen un defecto a nivel lingüístico. Siendo la mayoría de ellos redundantes en su expresión. Por ejemplo, tanto “Horizontes lejanos” como “Persona humana” son redundantes en sí mismos. Un horizonte siempre va a estar lejos, pues la propia definición lo evalúa así. Del mismo modo, una persona sólo puede ser humana, por lo tanto es absurdo e innecesario especificar su condición.

3. Usa adecuadamente los adjetivos durante las descripciones

Un adjetivo adecuado en la descripción adecuada vale más que mil palabras. Consulta diccionarios de adjetivos para determinar la mejor opción. Nunca uses un adjetivo (o una palabra en general) cuyo significado desconozcas. Escribir con palabras raras no hace que seas mejor escritor, más bien todo lo contrario, parecerás alguien pretencioso y con una mala capacidad comunicativa. Tampoco abuses del “muy”; es preferible escribir colosal, antes que decir que algo es muy grande.

4. Sé consciente de lo que escribes

A veces estamos tan absortos en lo que queremos contar o en la idea que queremos transmitir, que no prestamos atención al propio texto. Las palabras son los ladrillos que constituyen el conjunto total de la obra y si no se colocan adecuadamente esos ladrillos, difícilmente vamos a tener control de nuestro propio texto. A la hora de escribir, es frecuente recurrir a montones de frases, dar rodeos, poner demasiados ejemplos, definir una y otra vez la misma idea con diferentes palabras… cuando todo eso podría ahorrarse y resumirse con una simple frase que expresa a la perfección aquello que queremos decir.

5. Revisa siempre tus textos

Esto puede parecerte algo obvio, pero no todo el mundo entiende lo necesario que es revisar un texto una y mil veces. Publicar un texto que solo has leído una vez es tan peligroso como salir de viaje sin haber comprobado la llave del gas. No solo se trata de minimizar las faltas de ortografía, sino de evaluar la propia coherencia del discurso y asegurarse de que todos los elementos que componen la obra funcionan como deberían. A menudo tendemos a escribir dándo por sentado que nuestros lectores entienden la intención con la que expresamos el texto, hasta que nuestro lector beta nos confiesa que no ha entendido absolutamente nada. Y eso suponiendo que tengas un lector beta, ¿te imaginas sacar una novela al mercado habiendo sido tú el único lector? Como mínimo, comparte tu manuscrito con dos o tres personas de confianza. No sin antes haberle dado un buen repaso al texto, de principio a fin.

6. No abuses de los adverbios terminados en “mente”

Confiesto que ésta es mi debilidad. Las palabras que terminan en “mente” son palabras compuestas que se han construido añadiendo al adverbio la terminación o sufijo de -mente. Algunos ejemplos: prácticamente, fácilmente, comúnmente, dulcemente, suavemente, fuertemente, sutilmente, amablemente… Sin embargo, el uso reiterado de esta terminación empobrece el texto y quita valor descriptivo al mismo. Recurrir a palabras terminadas en -mente es, a fin de cuentas, un comodín que facilita la tarea de describir a cambio de darle simpleza al texto. Existe una cantidad ingente de este tipo de adverbios y, más concretamente, algunos de ellos son muy recurrentes. Es raro que transcurra un día entero y no hayas abusado de algunos de ellos en cualquier conversación cotidiana. El problema está en abusar de ellos cuando escribimos.
Haz la prueba: Coge cualquier texto que hayas escrito y subraya todas aquellas palabras terminadas en -mente. Si hay más de dos o tres por párrafo, consideralo un problema. ¿Pero exactamente por qué está mal abusar de ello? Porque estás privándote de buscar sinónimos y palabras más poéticas para la ocasión. No digas “la acarició suavamente” cuando puedes decir “la acarició con suma delicadeza”. No digas que “el lobo le mordió fuertemente” cuando puedes decir que “el lobo apretó sus fauces con dureza”. No digas “firmemente”, cuando puedes decir “con firmeza”. Pero no te confundas, no está mal utilizar este tipo de adverbios, ni es incorrecto según la RAE, ni nada del estilo. Simplemente (nunca mejor dicho), es más enriquecedor un texto que recurre a sinónimos y juegos de palabras, antes que resumirse en un “simplemente”. A la hora de describir te haces un flaco favor.

7. Usa frases cortas

Si no eres Carlos Ruiz Zafón, el juego de las frases kilométricas no te va a funcionar. El mundo ha cambiado mucho desde aquella época en la que el hombre pensaba que los truenos eran provocados por el martillo de Thor y los eclipses constituían un mensaje divino. Ahora no necesitas buscarle un significado poético a todo lo que plasmas en una novela. Simplifica. Sé minimalista. Los textos con frases rimbombantes ya no sorprenden a nadie.

8. No abuses de la subordinación

Aquellos que cometen el error anterior también acostumbran a abusar de las frases subordinadas. Y, por poco que subordines una frase corta, ya la estás alargando. La subordinación es una cuestión de ritmo y hay que tener muy presente el tempo de la escena antes de recurrir a las subordinaciones. Este es el primer consejo que te daría un buen periodista: no subordines más de lo estrictamente necesario. Un terrible caso de oración subordinada hasta el hastío: “El hombre, que ayer vio como una sombra entraba en su sótano, bajó aquellas escaleras oscuras presa del miedo y, recordando la historia sobre fantasmas que su abuela le había contado la semana pasada, tragó saliva antes de, con cuidado y sigilo, bajar el último escalón.”

9. No utilices “el cual”

Tu mayor enemigo a la hora de escribir: el cual. Vamos, el clásico: “el hombre entró en la habitación, en la cual había un cuadro de su esposa.” Una configuración narrativa muy típica en escritores inexpertos que no encuentran la forma de hacer referencia al sujeto que acaban de mencionar sin recurrir a este malsonante juego de palabras. El cual es un pronombre relativo, cuyo uso está muy alejado del que tanto solemos ver en ciertos relatos amateur. No solo ensucia el texto, sino que además se considera una falta de ortografía, pues su aplicación de ese modo es totalmente incorrecta.

10. Utiliza un lenguaje coloquial en los diálogos de tus personajes

La comunicación que ejercen los personajes entre sí es tan importante como la que mantiene el narrador con el lector. Los diálogos son un aspecto esencial, que deberás cuidar y revisar minuciosamente. Un error muy común, que cometen los escritores menos avezados, consiste en refinar demasiado los diálogos de los personajes, utilizando un lenguaje que dista mucho de ser acorde con el personaje. Es decir, el escritor redacta los diálogos del mismo modo que su propia voz narrativa. Esto da lugar a piratas y maleantes con una sapiencia etimológica asombrosa y una expresión oral digna del discurso de un rey. Esto resta coherencia a los personajes y la historia pierde credibilidad.

11. Utiliza correctamente el punto, la coma y el punto y coma

La mejor forma de ahogar a una persona no es metiéndola debajo del agua, sino dándole para leer un texto sin puntos ni comas. Estos signos de puntuación marcan el ritmo y el sentido de cualquier texto. Cambiar una coma por un punto, o viceversa, cambia por completo el significado de la oración. Aprender a utilizar correctamente el punto, la coma y el punto y coma es fundamental para cualquier escritor.

12. Disfruta escribiendo

Da igual lo bien que escribas si no lo disfrutas. La clave de este oficio es divertirse y motivarse, aprender y mejorar. De nada te van a servir todos los consejos del mundo si a la hora de ponerte delante de un papel te desquicias. Déjate llevar, no conviertas el arte en deber. Escribe porque te guste escribir, no importa si lo haces mal al principio, pues cada frase te hace mejorar un poco más.
Espero sinceramente que esta guía básica te haya ayudado. Ojalá te facilite las cosas la próxima vez que te sientes a escribir una historia.

¿Conoces más trucos como estos? Ya te adelanto que hay muchos más. Aunque, para empezar, estos son los más fáciles de aplicar. ¡Buena suerte!